RENAULT R 365 TURBOLINER ‘TTES.
FERNANDEZ - LA PIARA’ (1988).
En 1983 Renault Vehículos
Industriales decide finalmente que fabricará en suelo español, tras haber comprado
un par de años antes todo el conglomerado Barreiros-Chrysler-Dodge. En lugar de
implantar inmediatamente las gamas propias, Renault optó por mezclar
componentes ya existentes. La incorporación de elementos de Dodge y de la gama
R de Renault daría lugar a los DR, y la de elementos de Dodge y de la gama G, a
los DG. Se llegó a la salomónica solución de aprovechar los últimos motores que
Barreiros podía ofrecer, y conjuntarlos con las novedades que provenían allende
los Pirineos. Es el caso del Renault D 38TR que ya pudimos ver en
una anterior ocasión. Montaba el bloque madrileño BSS-36 de 12 litros y 6
cilindros que alcanzaba los 350 CV en su versión turbo, y a su vez, utilizaba la
cabina francesa modelo KB 2480 proveniente de Berliet. Así que a comienzos de
los ochenta, dentro del mundillo de los transportistas españoles circulaba el chascarrillo
de que Renault vendía a precio francés, un producto que parecía netamente
español, pero con otro disfraz. Como si un gitanico se hiciese pasar por un señor
de posibles mediante el uso de una aparente gabardina.
Pero en 1987, una vez completada
la necesaria transición de la serie D a la serie R, se dejaron a un lado los
bloques mecánicos ‘made in Spain’ y desde la sección industrial de la marca francesa,
ya convertida en Renault Trucks, se incorporarían solo motores franceses
equipados con intercooler, para poder alcanzar los 365 CV. Todo un nicho dentro
del transporte, pues ahí se encontraría con sus más directos rivales: el Troner
360, el TurboStar 190.36 de IVECO, el DAF 95, el Merche SK 1735, el MAN 19.362,
el Scania R113 o el Volvo F12-360. En realidad la producción principal de la
gama R estaba en la localidad francesa de Bourg-en-Bresse, y una vez llegadas a
Villaverde las unidades ya ensambladas aunque fuera en fase de prefabricación, eran
acondicionadas y adaptadas aquí para lograr la homologación española, y llegado
el caso, ejecutar las correspondientes carrocerías específicas, me imagino
sobre todo que por el asunto de los tres y cuatro ‘patas’. Así
que el motor, un MIDR 06.35.40 también de seis cilindros en línea y 12 litros
con inyección directa y turbocompresor con intercooler era francés por los
cuatro costados, así como la cabina, que, con leves mejoras, seguía siendo Berliet.
Por tanto, el hecho de que las unidades francesas terminaran rematándose en
España, dio lugar a la continuación del chascarrillo del gitano con gabardina,
cuando realmente a partir de 1987 no había fundamento para ello.
A estos camiones de gama media
dentro del transporte pesado se les recuerda con cierta añoranza por parte de
los transportistas veteranos. No eran gastones, eran fiables, relativamente cómodos
y contaban con un buen equipamiento, sin alardes pero mejorando lo que entonces
había. No destacaban en nada, pero en nada fallaban. Pero aunque muy recordados
dentro de la gama pesada, la serie D, jubilada por la R, solo fueron una
transición entre los camiones Berliet que Renault había absorbido en 1978, y la
aparición en 1987 del AE Magnum, alias ‘la cosechadora’, descontinuándose la
gama R en 1990, habiendo durado tan solo tres años. El R 380 t.i.
sustituyó temporalmente al R 365 hasta la consolidación de las gamas que
prevalecerían: Premium y Magnum.
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La miniatura reproduce un R 365 con cabina Turboliner, es decir, sobreelevada con litera apta para largas distancias (existió una versión Major con más lujos pero de pocas ventas) y según comparaciones con las fotos del modelo real, está bastante ajustada a la realidad. Tiene incluso los visillos laterales extensibles para esas incómodas apariciones solares cuando amanece o anochece. La decoración está muy bien aplicada, y solo le veo el fallito de nombrar la barcelonesa localidad de Manlleu como Menlleu. El interior, es negro y sin alardes, aunque con un puesto de conducción muy convincente. Lo que no me convence son los retrovisores, algo gruesos y con los espejos poco reales.
En cuanto al semirremolque, éste no tiene nada de particular, con el habitual Thermoking y la decoración que le correspondería a esa época. Por detrás está bien resuelto y las varillas y los cierres de las cartolas traseras son muy realistas. Éste es un aspecto a destacar en esta colección, pues su terminación en ese sentido cada vez está siendo mejor. Tanto tractora como arrastre no destacan por sí solos, pero en conjunto resultan en una miniatura bastante vistosa. Por lo demás, es una buena reproducción y seguro que a más de uno le traerá recuerdos.



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