Hoy toca vehículos de servicio. Y
además me apetece comparar dos modelos separados en el tiempo por más de medio
siglo, y que prácticamente no tienen nada que ver entre sí. Ambos fueron
bastante populares en sus respectivas épocas, y ambos tuvieron una larga vida
laboral. Comencemos por el más antiguo, el C4, siendo más correcto llamarlo
Type C4.
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| Publicidad francesa de 1928. |
Tras el éxito de los modelos B12/B14,
que se producían a un ritmo de 400 unidades diarias, algo sin precedentes en
Europa, Citroën quiso ampliar su gama de automóviles presentando sus últimas
creaciones en el Salón del Automóvil de París en octubre de 1928: los modelos AC4
y AC6. El objetivo era atraer a una clientela que aún no había
experimentado la comodidad, la fiabilidad, los bajos costes de funcionamiento y
el diseño elegante que podía proporcionar la fabricación en serie. No olvidemos
que André Citroën visitó la fábrica de Ford unos años antes. Así que el AC4
tenía que ser mejor que su predecesor B14 pero a la vez ofrecerlo por un precio
similar, debiendo satisfacer a la vez las múltiples exigencias de la creciente
clase media, así como del pequeño y mediano comerciante. Por otro lado, con el
AC6 Citroën se adentraba por vez primera vez en el nicho de los modelos de lujo,
en su mayoría de fabricación artesanal. Lo haría en ambos modelos con motores
completamente nuevos, de cuatro cilindros, y con el primer motor de 6 cilindros
dentro de la marca del doble chevrón.
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| Dos taxis de Barcelona: un C4G y un Traction. |
La denominación de AC4, por sus cuatro cilindros, fue asignada por el propio fundador, André Citroën, y se utilizó inicialmente para diferenciar el nuevo modelo de otro modelo más anterior, el C4, presentado como un prototipo en 1925, pero que finalmente nunca llegaría a producirse. Pero aquella nomenclatura se abandonó rápidamente en favor de las más sencillas C4 y C6. El AC4 de 1929 presentaba líneas más depuradas que el B14, definiendo una carrocería bien equilibrada, ligeramente más larga (410 cm frente a 400 cm) a pesar de una distancia entre ejes algo más reducida e inspirada claramente en el Ford A. Más ancho (vía de 132 cm frente a 123 cm), el AC4 está mejor proporcionado, mejorando notablemente el espacio interior. Se ofrecería en dos longitudes de chasis, con distancias entre ejes de 285 y 294 cm, y once estilos de carrocería: sedan, saloon, faux-cabriolet, torpedo, cabriolet, familiale, large, coupé landaulet, roadster, camionnette (con toldo, con plataforma o caja cerrada), y el más especial de todos, el C4F o semioruga con sistema Kégresse, famoso por ser utilizado en expediciones científicas de exploración en el Pamir, tierras de Asia limítrofes entre colonias inglesas y francesas.
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| Taxi en su versión probablemente inicial AC4. |
Con el C4 Citroën revolucionó el segmento de los cuatro cilindros con precios increíblemente bajos. Baste como ejemplo su versión sedán de cuatro puertas y cuatro ventanas, que en 1928 tenía un precio de 32.600 francos, mientras que un Delage 14 CV costaba 42.000 francos. Y solo venía con chasis, pues todavía quedaba por saber el precio extra del carrozado. Por el contrario, con el C6 Citroën tuvo dificultades para consolidarse en el mercado, entre otras circunstancias, por su gran parecido con el C4, y porque Citroën aún se asociaba a producción para la gran masa, es decir, no para las élites. Los ricachones preferían seguir gastando más dinero en vehículos supercaros pero personalizados al gusto. El tiempo, la industria y la guerra no tardaría en situar a unas marcas y a otras en su lugar. La realidad fue tozuda porque los coches grandes (Delage, Delahaye, Talbot, Hotchkiss, etc.) requerían un mantenimiento muy profesionalizado, frecuente y costoso, mientras que los Citroën, Renault o Peugeot demostraron ser robustos, duraderos y sobre todo, más económicos, tanto en combustible como en reparaciones. Estas últimas marcas acabaron por absorber a las primeras, o bien las hicieron desaparecer directamente.

Un C4 F Kégresse ó Citroën P17 (expedición amarilla 1931).
La motorización del C4 también
era de nueva creación, de hierro fundido al completo, con bloque de 4 cilindros
y un cárter de una sola pieza, con cigüeñal lubricado a presión con tres
cojinetes principales. Las válvulas estaban montadas inclinadas lateralmente
pero el encendido abandonó el magneto en favor del Delco, más moderno con
batería. La caja de cambios ofrecía solo tres velocidades, y la modesta
potencia de 30 CV obligaba a cambiar a segunda marcha nada más asomar cualquier
leve pendiente. En llano, tras una larga aceleración podía llegar a los 90
km/h, aunque éso, en 1929, tampoco estaba nada mal. Por su parte el AC6
acompañó al AC4 en su exhibición del Salón del Automóvil de París de 1928. Éste
albergaba bajo su alargado capó, el primer motor de 6 cilindros de la marca, un
2,4 litros (14 CV fiscales) que erogaba 45 CV, también con su caja de cambios
de tres velocidades, superando los 100 km/h de velocidad máxima y un consumo de
combustible de 14 litros cada 100 km.
En el primer año de fabricación del
C6, los modelos ofrecidos tenían las mismas variantes que el C4, pero con
algunos estilos de carrocería adicionales, como el Torpedo familiar o el lujoso
Coupé de Ville. Pero ante el descorazonador comienzo de ventas del C6, Citroën
tuvo que reaccionar y actualizar rápidamente su modelo tope de gama. Así que en
mayo de 1929, el C6 se convirtió en el C6 E de ‘enlargé’ (ampliado) con un
maletero tipo ‘concha’ en todas las carrocerías cerradas y torpedos. Además todos
los modelos presentarían parachoques divididos, un faro auxiliar en una barra
frontal y el emblema ‘Six’ en el frontal. El C6 E se distinguía además del C4
por una vía más ancha, que aumentaba de 1,32 m. a 1,39 m., lo que le otorgaba
una presencia aún más imponente.

Un C6 SIX, fabricado entre 1929 y 1932.
Ya en el Salón del Automóvil de París del siguiente año, 1929, Citroën hizo por mejorar sus productos. El C4 se convirtió en el C4 III y el C4 NT (‘Nouveau Tableau’ más moderno y elegante) y en cuanto al C6, ahora C6F, recibiría mejoras mecánicas: pistones más largos, juntas universales, con un ancho de vía aumentado a 1,42 metros (que entonces era el estándar para los automóviles estadounidenses) aproximándose por tanto en prestancia a los modelos americanos, que ya estaban incursionando en los mercados europeos. También se benefició de amortiguadores hidráulicos, paleta de colores más amplia, y unos acabados superiores, que lo hicieron más silencioso y elegante.
En el Salón de París de 1930, con
los primeros efectos de la crisis en el mercado de lujo por el Crack del 29, el
C6F conservó su nombre original, mientras que el C4 pasó a llamarse C4F,
heredando las mejoras introducidas en el C6F: carburador con estrangulador para
arranques en frío, segunda marcha más silenciosa, nuevo embrague y el montaje
del motor sobre silent blocks antivibración. El chasis del C4 podía equiparse
con una vía de 134 cm, 2 cm más ancha que la versión anterior, o incluso de 142
cms. como el C6 para la versión de carrocería ancha. En este último, con las
nuevas carrocerías podía acoplarse un asiento trasero corrido, y acomodar a
tres personas; y a su vez, en los modelos familiares alcanzar para siete
pasajeros, utilizando dos asientos de este tipo, abatibles. En febrero de
1931, apareció el C6F CGL, abreviatura de ‘Citroën Grand Luxe’, alcanzando su
máximo esplendor en lujo, comodidad y elegancia. Estaba equipado con un motor
de 2.650 cm3 que desarrollaba 53 CV, entrando en la élite de la
categoría de los vehículos de más de 15 CV fiscales, la más alta. El catálogo
del C6F CGL incluía siete configuraciones, entre ellas un nuevo coupé landaulet
y un roadster de dos plazas, con marcado carácter deportivo.
Cuando la crisis mundial se hizo
más patente en la primavera francesa de 1931, la caída en las ventas de
automóviles fue drástica. De 102.000 coches en 1929, la producción de Citroën
se desplomó a 65.000. El C4 llevaba casi tres años en producción y su estilo
comenzaba a verse anticuado, por lo que Citroën respondió ofreciendo más
potencia, 2 caballos adicionales, y más lujo, ofreciendo los niveles de acabado
de su hermano mayor C6. En el Salón del Automóvil de París de 1931 el C4 F pasó
a llamarse C4 G, montando ese motor levemente ampliado a 1.766 cm3 (10
CV fiscales) para unos 32 CV reales. Se ofreció además en una versión Grand
Luxe con el mismo equipamiento que el C6 CGL y sus aletas termostáticas en el
radiador, parachoques ‘Chromos’ con tapas de goma en los extremos y nuevos
guardabarros traseros. También se ofreció una gama lo más simple posible, llamada
C4 IX, con un motor de 9 CV, sin maletero y de vía estrecha. Con esas medidas
de urgencia, el C4 seguirá siendo el modelo de tracción trasera más vendido en
Francia. A su vez, el C6 F también se convirtió en el C6 G. Esta nueva
designación ‘G’ reflejó la estandarización de algunos de los componentes de los
modelos CGL. El C6 G conservaba los componentes mecánicos de la temporada
anterior, pero la velocidad del motor se limitó, por motivos de desgaste mecánico,
en 300 rpm, y así la potencia disminuyó a 50 CV. Eso hizo que Citroën buscara
una solución urgente, por lo que a partir de abril de 1932, este modelo adoptaría
el primer ‘Motor Flotante’ de patente Chrysler que filtraba el ruido y las
vibraciones, haciendo del C6 G (al igual que del C4 G) un coche mucho más
confortable. Del C6 F hubo dos nuevas creaciones: un sedán de los talleres
Million Guiet, llamado Toutalu y con un precio de 45.000 francos, y un autocar
de dos puertas y cinco plazas fabricado por SICAL (Société Industrielle de
Carrosserie Automobile de Levallois), por 39.500 francos. Por comparar, el
Citroën C6 G más económico de 1932 era el Grand Tourisme o Familiale Torpedo,
con un precio de 32.500 francos. El C6 G también fue objeto de carrozado por parte
de prestigiosos carroceros como Van Vooren, Chapron, Letourneur et Marchand,
Labourdette, Busson y otros.
Finalmente, llegado el año 1933,
el C4 y el C6 fueron descontinuados, desapareciendo para siempre del catálogo
general de Citroën. Ya, en el Salón del Automóvil de París, en octubre de 1932,
se anunciaron sus sustitutos, con la llamada serie Rosalie, bajo las
denominaciones 8, 10 y 15.
Por lo que
se refiere a España, sus ventas se produjeron entre gente acomodada y de
posibles, no alcanzado precisamente récord de ventas, aunque la presencia oficial
de Citroën en nuestro país ya se había articulado en 1924 a través de la Sociedad
Española de Automóviles Citroën – SEAC – dedicada a la importación y
comercialización de sus vehículos, lo que facilitó que el C4 tuviera una red de distribución bastante activa
al menos en las principales ciudades españolas, bastantes años antes de que la
marca dispusiera de su primera fábrica en Vigo, la cual no se inauguraría hasta
1958. Como ha quedado dicho, en aquella época, en España el automóvil era
un artículo de lujo, y el propio volumen del parque automovilístico nacional
era escueto, por lo que las importaciones de un único modelo se contaban por unos
cientos o unos pocos miles de unidades al año como máximo. Lo bueno es que desde
el Citroën C4 F presentado en 1930, con hasta entonces 121.000 unidades sumando
la producción total de Citroën de todas sus variantes, tuvo aquí una relativa buena
acogida, consolidando a Citroën en el mercado de particulares a las puertas de
la Segunda República. Se vendió bien como coche de representación media, pero
sobre todo con sus variantes de furgón ligero, camioneta y chasis carrozados
localmente en España como pequeños autobuses o bien vehículos de reparto sobre
todo en las grandes capitales como Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia.
En cuanto
al Citroën C4G, con algo más de 47.500 unidades vendidas, y presentado en 1931,
fue la última y más potente evolución de la serie C4 antes de ser sustituida
por el Citroën Rosalie, del que llegó a tomar su motor en su último año. Con el
citado motor con silent blocks, y el aumento de potencia, al ser un vehículo
más rápido, silencioso y confortable, tuvo una excelente acogida entre la
burguesía urbana española de 1931 y 1932. Su chasis robusto lo hizo ideal para
la sortear la deficiente (por no decir inexistente) red de carreteras de la
época. Sin embargo, al coincidir en el tiempo con la inestabilidad política de
la República y la resaca del Crack del 29, limitó mucho su alcance dentro del volumen
total de importaciones, si lo comparamos con el anterior C4 F.
Los C4 que llegaban a España a
través de la citada Sociedad Española de Automóviles Citroën, en su
mayoría se importaba con el chasis desnudo, solo con el motor, para evitar los
altísimos aranceles con que se gravaban los coches que ya estaban completamente
terminados. Como siempre, aquí los carroceros locales, en su mayoría talleres
artesanales montaban las correspondientes estructuras de madera y metal para
darles su forma y función final.
Aún sin saber el número exacto de
C4 que fueron vendidos en España sí se sabe que tras la Guerra Civil
(1936-1939) los miles que sobrevivieron fueron casi todos requisados por ambos
bandos contendientes, y aunque algunos acabaran destruidos, al ser utilizados
como ambulancias, vehículos de enlace, patrulleros, etc… estuvieron siempre mantenidos
y a punto para el servicio, por lo que el C4 es de los modelos anteriores a la
guerra más comunes y habituales en las colecciones privadas y clubes españoles.
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De las miles que hubo, ¿cuántas habrán sobrevivido?
Como todo el mundo sabe, el FIAT
Panda lo diseñó Giorgetto Giugiaro. Y como casi todo el mundo recuerda,
SEAT lo comenzó a fabricar bajo licencia aquí en España en 1980. Desde
entonces, hubo tantas y tan coloridas versiones y prototipos que resultaría
aburrido intentar nombrarlos a todos. En cambio, sí cabe destacar los dos
principales acabados más populares: el Panda 35 y el Panda 45. La
principal diferencia estribó en sus motores de gasolina: uno de 843 cm3
(derivado del 850 y que daba 32,5 CV) y otro de 903 cm3 (procedente
del 127, con 45 CV exactos). En los acabados genéricos el Panda 45 incluía
además cristales coloreados, luneta térmica trasera y su limpia, lunas
laterales traseras operables, asientos reclinables con reposacabezas, un
salpicadero tapizado en tela, y una bandeja en el maletero. Hubo una versión intermedia,
el Panda 40, también con motor de 903 cm3 pero con una
compresión más rebajada, como su potencia, que pasó a 42 CV, permitiendo así el
uso de una gasolina con menor octanaje, seguro que la recordáis. Tras la
ruptura con FIAT en 1983 todos los modelos fabricados bajo licencia italiana sufrirían
un rediseño. El Panda no fue la excepción, y a partir de entonces cambiaría su
denominación, pasando a llamarse SEAT Marbella.

Probablemente quién más la utilizó.

Solo falta por colocar los faros supletorios y la escalera.
El mejor espaldarazo comercial que
pudo tener el SEAT Panda, por encima de cualquier publicidad que SEAT hubiera
podido idear, fue la visita a España en 1982 por parte del Papa Juan Pablo II,
cuando su habitual vehículo de desfile tuvo que ser sustituido por un Panda debidamente
maqueado, puesto que en el acto de celebración de la Santa Misa que debía
realizarse en cierto estadio de fútbol capitalino, nadie cayó en la cuenta con
la suficiente antelación, que el Mercedes-Benz del Papa simplemente no cabía
por el pasillo principal de acceso al césped. Ahora que recuerdo, un lustro más
tarde, y con el Mundial de España del 82 ya olvidado, en plena competición
europea de Liga de Campeones sucedió exactamente lo mismo. Cuando hubo que sustituir
una de las porterías por vandalización de la afición visitante, se desmontó otra
portería del campo de entrenamiento colindante al estadio, haciéndola pasar hecha
un puzle por el ya famoso pasillo, teniendo que volver a montarla a contrarreloj,
y así, tras casi una hora de interrupción, poder reanudar el partido. En fin, totus
tuus…

Una vista trasera, pocas existen.
Emelba, Montaña, Bavaria, Black,
White, Yellow, Red, Marbella, Movida, Sprint, Primavera, Terra y otras que me
dejo, son algunas de las muchas versiones y colores que existieron de este
simpático pero eficaz utilitario. Pero de entre todas las versiones que tuvo el
Panda, hubo una que tuvo su propio recorrido comercial. Hablamos, está claro,
de la SEAT Trans. Mantenía el frontal y las plazas delanteras del Panda,
pero de la mitad hacia atrás se le añadiría una caja sobreelevada de casi 2.500
litros de volumen. Para evitar un excesivo desnivel entre el techo del
conductor y el de la caja, se habilitó una pequeña baca ubicada justo encima de
las plazas delanteras, añadiendo un espacio extra, y sobre todo un aspecto muy característico,
haciendo de esta pequeña furgoneta un vehículo inconfundible. Tuvo sus dos
versiones principales, la combi o de caja acristalada, y el furgón totalmente comercial
cerrado con paneles metálicos en lugar de los vidrios. En producción desde 1982
hasta 1986, con cerca de unas 83.000 unidades vendidas, siempre montó ese motor
intermedio de 42,5 CV y 903 cm3 siendo capaz de transportar unos 530
kgs. de carga útil.

Correos también tuvo un gran número de ellas.
Casi todos tenemos en mente esas
flotas comerciales de alcance nacional de empresas públicas como Correos y Telefónica,
o de reparto local de bebidas refrescantes como Kas, Trinaranjus o Fanta.
También tuvo su lugar entre los autónomos, operarios de mantenimiento o de
cualquier otra tarea técnica, compitiendo en el mercado de tú a tú con la
Renault Express y la Citroën C-15, a las que no superaba en prestaciones, aunque
sí en un precio imbatible.
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| La SEAT Trans fue uno de los regalos de la colección SEAT. |
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| El taxi de Barcelona creo que no salió en España en su primera edición, aunque sí en la colección francesa Taxi Du Monde. |
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| La calidad es la habitual que nos daba Altaya. |
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| Las grafías no están mal, aunque los moldes podrían ser más precisos. |
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| De frente es como más vistosas resultan estas dos miniaturas. |













