En cuestión de vehículos ligeros
de transporte, y para salir de los Avia, Barreiros, Ebro, Sava, etc de turno, hoy
traemos por aquí unos pocos italianos más, para comparar y constatar que la situación
no era tan diferente entre ambos países. Ya tuvimos ocasión de echarle el ojo a
algún que otro comercial transalpino, así que, allá ‘van’.
LANCIA JOLLY ‘BASSANI TICINO’
(1963) de IXO
Recordemos las características
más básicas de este furgoncino: motor de 4 cilindros en V de 1.090 cm3 y
solo 36,5 HP, con 5 velocidades, para más de media tonelada de carga útil y
unas medidas de 4,60 metros de largo por 1,81 m. de ancho. Pesaba en vacío
1.500 kg. por lo que no se podía esperar unas prestaciones fuera de lo común. Tras
menos de 3.000 unidades vendidas, fue descontinuada rápidamente en 1963, y
sustituida por la SuperJolly, algo más grande, algo más potente (1.500 cm3),
y también con el mismo escaso éxito. El fracaso en ventas y la sobrepoblación de
marcas y modelos de este tipo en el país transalpino hizo que en muy poco
tiempo este fabricante desistiera de su división industrial.
Por lo que se refiere a la
miniatura no tengo pruebas, pero tampoco dudas de que el molde de la Jolly de Starline
fue aprovechado o adquirido por IXO/PCT. Son exactamente iguales, sin una sola
diferencia entre ellos. Si no es por el cambio de librea, no sabría
diferenciarlas a simple vista. La decoración de la empresa eléctrica también es
muy llamativa, pero lo que tenemos en este caso en particular es una aplicación
de la pintura que roza el sobresaliente. Permite apreciar las franquicias,
módulos, puertas y tapetas de una manera que en IXO no es lo normal,
acostumbrados como estamos a sus dobles y triples capas y a las caídas del
molde en el cubo de la pintura. Bien por ellos. De la misma manera, tampoco se
puede tirar cohetes con sus adhesivos publicitarios, puesto que cuando se trata
de rodear o cubrir un corrugado o una lama, en algunos puntos se pierde cierto detalle. No se puede tener
todo. Limpias, retros y parachoques en la línea habitual de la editorial. Por
otro lado tenemos esas ruedas con los tapacubos cromados cual espejos aunque en
esta ocasión el tubo de escape no está ahuecado. A cambio IXO nos regala unos
intermitentes laterales con piezas independientes, algo muy poco habitual. En
el frontal, al igual que con la Jolly de Starline, se ha cuidado mucho la imagen de marca, y la
calandra y el logotipo son de notable alto. Lástima de los pinchitos en las
luces.
OM LEONCINO FURGONE ‘GRÜNLAND’
(1959) de IXO
OM, o mejor dicho, Officine
Meccaniche, es uno de esos pequeños gigantes de la automoción con un gran prestigio industrial pero que siempre han
pasado desapercibidos, como por ejemplo, la suiza Saurer, llegando a duras penas al gran público más allá
de las fronteras de sus países de origen, sin más fama y publicidad que la interna. Sin embargo, OM fue fundada nada
menos que en 1899, fabricando material ferroviario al inicio, coches y bólidos tras
la Gran Guerra, y vehículos industriales ligeros y semipesados después de la
Segunda Guerra Mundial. Durante décadas tuvo su cuota de mercado en base a unos productos de gran robustez, fiabilidad y versatilidad, teniendo entre otros, como cliente nada menos que a FIAT, surtiéndola de motores y otros
componentes mecánicos móviles, hasta que (al igual que Saurer) fue absorbida
por la propia FIAT en 1975.
Fabricado entre 1950 y 1968 (en algunas versiones hasta 1972), con ese amplio bagaje el Leoncino tuvo una gran variedad de versiones y carrocerías, y puede decirse que fue uno de los modelos más vendidos en la posguerra italiana, alargando su vida más allá de lo esperable. Inicialmente su motor diésel de 3.770 cm3 y 4 cilindros en línea daba para una potencia de 54 CV, pero en 1954 habría un cambio a 4.156 cm3 y la potencia subiría a 66 CV, según corresponde a la versión aquí mostrada. Ya en sus últimos años se utilizaría unos nuevos desarrollos, con 4.561 cm3 capaz de entregar 92 CV. Pero el factor común del Leoncino, el que le definía como uno de los preferidos del consumidor fue su capacidad de carga que solía oscilar entre las 3 y las 3,5 toneladas de carga útil, y sobre todo su estrecha cabina avanzada, perfecta para ratonear por cascos urbanos o callejuelas rurales de difícil acceso. Fue un modelo muy popular, e incluso tuvo cuotas de exportación a países europeos y del ámbito iberoamericano.
Echemos un vistazo ahora a la
miniatura, y podremos comprobar que en cuanto al molde se refiere, tiene una elevada calidad, muy similar a la Jolly. Pero baja su nivel en cuanto a la pintura
aplicada, que cubre un tanto las franquicias del molde, no dejando apreciar en su dimensión las verdaderas formas de este camioncino. Tampoco las llantas
están muy logradas, pues en ese mate quedan muy plasticosas, lejos de parecer de
metal. Las luces están bien moldeadas pero en cuanto a los
intermitentes se refiere están todos pintados, aunque los laterales y los traseros sean piezas independientes. El
resto de añadidos son de la calidad habitual en IXO, si bien la calandra está
bastante lograda. En cuanto a la publicidad, se refiere a una marca de quesos
untables y en porciones, como El Caserío español, aunque con la particularidad de que no eran triangulares, sino redondos. Para los clásicos muy futboleros, cuando Rummenigge fichó por el Inter de Milan en 1985 protagonizó un anuncio de este queso, digamos que un tanto kitsch:
AUTOBIANCHI BIANCHINA
FURGONCINO TETTO ALTO ‘CARTIERE PAOLO PIGNA’ (1968) de IXO
Ya avistamos en su día la Bianchina ‘cabrio’ en una entradilla relativa a los microcoches, pero en esta
ocasión, tratándose de vehículos comerciales, entraremos un poco más a fondo.
Sobre todo en el aspecto técnico, puesto que montaba el mismo motor tendido del
FIAT 500, un bicilíndrico de 499 cm3 con cuatro marchas que
entregaba 17,5 CV, con una velocidad máxima de 90 km/h, aunque esto no tenía
especial relevancia, puesto que fue un vehículo pensado para el más complejo reparto urbano a
pequeña escala. Hubo dos versiones: la de techo bajo, basado directamente
en la Bianchina Panoramica o familiar, en la que se limitaron a sustituir los
cristales por paneles metálicos, y ésta, de techo alto, denominada internamente
320/2, en la que toda la parte correspondiente a las plazas traseras fue
sustituida por una caja de 1,40 metros cúbicos, con el fin de albergar una
capacidad de carga útil cercana a los 250 kgs., y sí, en ese volumen además se incluía el motor que iba situado justo
debajo del piso de la propia caja. La rueda de repuesto y el depósito de combustible irían
en el capó delantero. Una única puerta trasera daba acceso a la carga. En
realidad el Autobianchi aprovechó el diseño casi al completo del FIAT 500 Giardinetta,
puesto que las cotas de ésta última casi se ajustaban a la perfección con las de la Bianchina Panoramica. Ambas tenían una longitud de 3,15/3,17 cms. y una anchura
de 1,34/1,35 cms. clavando casi al centímetro las dimensiones. De hecho, a simple vista
se diferenciaban por el distinto frontal del Autobianchi, menos redondeado.
La editorial en este caso recupera
la más fiel tradición altayera de IXO a quién solía encargar estos números para
la colección Veicoli Commerciali d’ Epoca, aunque en este caso fuera para Vadis. Un molde
que cumple bien pero con unos acabados que podrían ser mejores, aunque la caja y su
publicidad están muy logradas tanto en la chapa corrugada de los paneles laterales como en los adhesivos publicitarios. Las
ruedas son bastante buenas y en general la imitación de los cromados es
aceptable, aunque los retrovisores y los limpiaparabrisas resultan un tanto
bastos en una miniatura como ésta, de reducidísimo tamaño. Precisamente esta última
característica, la de ser el benjamín de los furgoncinos es por la que tiene toda la simpatía y las ganas de hacerte con un ejemplar.
Seguiremos con los italianos en otra ocasión.

















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