miércoles, 8 de julio de 2026

AQUELLOS PRIMEROS EBROS

 

 

Ebro es una marca que en este blog, en cuanto a camiones se refiere, he tenido demasiado abandonada. Vamos a ponerle un poco de remedio, con sendos ejemplos de la serie B y de la serie C; ambas aparecidas en el mercado antes de 1970, por lo que si tienes menos de treinta y tantos años, es muy probable que nunca hayas visto uno en servicio.

 

Aparecida por primera vez en 1955 la serie B derivaba directamente del inglés Thames (licencia Ford) ET6, pero fue Motor Ibérica quién lo fabricó en suelo español. El estreno se hizo con el modelo B-35 (3.750 Kg. de carga) y aunque el nombre del motor llevaba una plaquita que decía Ebro también estaba bajo licencia anglo-americana Fordson. En 1961 aparecería la versión B-45, con un chasis algo más largo y una cabina levemente recortada para obtener una mayor capacidad de 4.850 Kg. Ambas versiones portaban el mismo motor diésel de cuatro tiempos de 3.610 cm3 y 70 CV, y que daba para una velocidad capaz de impresionar exactamente a nadie. Su fuerte era la fiabilidad, la resistencia y la facilidad de reparación. En 1964 aparecerían el B-35C y el B-15, ambos con el morro más corto (apodados ‘chato’), y que complementarían la gama cubriendo transporte y servicio aún más ligero como el de reparto urbanita, anticipando de alguna manera la estética de la próxima serie C. De esta serie B (1955-1964) se fabricaría un total aproximado de 25.000 unidades.


 

En 1964 también hizo su aparición la serie C, que a su vez estaba inspirada en el inglés Thames Trader, aunque manteniendo todavía esa misma motorización de Ford, por lo que las capacidades de carga (y de velocidad) seguían sin ser especialmente altas. Era más de lo mismo con una gama compuesta por los C-150 , C-350, C-400, C-450, C-500 y C-550, que señalaban sus cargas en miles de quilos respectivamente. Todos compartían cabina e interiores y únicamente variaba la masa a transportar. También existió un C-152 como furgón cerrado de 1.500 kg. Si además se modificaba la distancia entre ejes para otros servicios entonces teníamos el C-451, C452, C-502, C-503, etc…   …pero todos montaban siempre el mismo motor. Solamente el C-700, por su cercanía a la categoría de vehículo semipesado, o lo que tal se consideraba en aquella época, montaría un Perkins de 5.000 cm3 de 100 CV. Tras unas 20.000 unidades fabricadas, la serie C se descontinuaría en 1969, siendo sustituida por la serie D.  

 

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Para ilustrar aquellos vehículos en su correspondiente escala a 1/43, hoy os traigo un morrudo bomberil, y otro más típico, un chato con su caja abierta. Y es que si exceptuamos algunos fabricantes patrios que en su día nos alegraron la vista tales como Otero Scale Models o Modeltrans, la mayoría de miniaturas de Ebro evidentemente suelen tener procedencia quiosquera. Siempre fue tremendamente difícil y caro hacerse con alguna unidad de aquellas marcas premium incluso en el mercado de segunda mano, por lo que para matar el gusanillo del coleccionismo, hoy en día abunda el uso de estos modelos de quiosco para ser modificados por los manitas de turno, al gusto de quién quiera pagar una personalización exclusiva por encargo.










 

En mi opinión esta reproducción del B-45 es la más bonita de cuantas aparecieron en los quioscos. Con el número 17 de la recortada colección de ‘Camiones y Vehículos de Bomberos’ aparecida allá por 2016, no padece de gigantismo como el de ‘Cervezas El Águila’ o el de ‘Spar’, ni tampoco tiene una configuración tan vista como el más reciente botellero de ‘Coca-Cola’. Aunque cabe decir que estos tres últimos modelitos también merecen la pena al estar muy bien rotulados y detallados, resultando muy vistosos en la vitrina. En este caso, el de los Bomberos de Tarazona, tenemos como principal cualidad la de ser un doble-cabina, y por añadido, con toda la parafernalia típica que acompaña a estos vehículos de extinción y prevención de incendios. Aunque es cierto que estos adornos no son de lo mejor de la miniatura, tampoco es que la desmejoren, la acompañan perfectamente, cumpliendo de sobras. A juzgar por la foto de portada del vehículo real, lo que sobresale de la miniatura es la sensación general de que es lo más fiel que han podido hacer por este precio.













 

En cuanto al C-700, número 22 de ‘Camiones y Autobuses Españoles’ me pareció que en su día pasó sin pena ni gloria, pues no entusiasmó en demasía a los coleccionistas, ni tampoco suscitó encendidos comentarios, supongo que por estar escondido en una larga colección de cien fascículos, y como siempre sucede en estos casos, los modelos más modestos quedan opacados por los más jugosos y esperados por pegasistas y barreiristas. A mí me parece una gran reproducción (con sus fallos, que los tiene) pero de la que los más habilidosos pueden partir para personalizarla y mejorarla notablemente con muy poco esfuerzo, pues en esta configuración casi todo el trabajo sucio ya está hecho. La rotulación, escueta como corresponde es fácil de eliminar si así se desea. Es cierto que la baca, los limpias y el retro resultan un pelín gruesos, y que la banda blanca de la caja podría estar mejor adherida, pero como digo, del resto, incluido el apartado de la pintura, prácticamente no hay que hacer nada. La caja si no es auténtica, no está mal tirada, y los juegos de luces y señalizaciones están en su justo sitio, sin alardes pero sin ausencias. Y los bajos también, muy completitos.  

 

Yo, como siempre, lo dejo todo tal y como está, y no me meto en camisas de once varas.