Ebro es una marca que en este
blog, en cuanto a camiones se refiere, he tenido demasiado abandonada. Vamos a
ponerle un poco de remedio, con sendos ejemplos de la serie B y de la serie C;
ambas aparecidas en el mercado antes de 1970, por lo que si tienes menos de
treinta y tantos años, es muy probable que nunca hayas visto uno en servicio.
Aparecida por primera vez en 1955
la serie B derivaba directamente del inglés Thames (licencia Ford) ET6, pero fue Motor Ibérica quién lo fabricó en suelo español. El
estreno se hizo con el modelo B-35 (3.750 Kg. de carga) y aunque el nombre del motor
llevaba una plaquita que decía Ebro también estaba bajo licencia anglo-americana
Fordson. En 1961 aparecería la versión B-45, con un chasis algo más
largo y una cabina levemente recortada para obtener una mayor capacidad de
4.850 Kg. Ambas versiones portaban el mismo motor diésel de cuatro tiempos de
3.610 cm3 y 70 CV, y que daba para una velocidad capaz de
impresionar exactamente a nadie. Su fuerte era la fiabilidad, la resistencia y
la facilidad de reparación. En 1964 aparecerían el B-35C y el B-15, ambos con
el morro más corto (apodados ‘chato’), y que complementarían la gama cubriendo
transporte y servicio aún más ligero como el de reparto urbanita, anticipando
de alguna manera la estética de la próxima serie C. De esta serie B (1955-1964)
se fabricaría un total aproximado de 25.000 unidades.
En 1964 también hizo su aparición
la serie C, que a su vez estaba inspirada en el inglés Thames Trader,
aunque manteniendo todavía esa misma motorización de Ford, por lo que las
capacidades de carga (y de velocidad) seguían sin ser especialmente altas. Era
más de lo mismo con una gama compuesta por los C-150 , C-350, C-400, C-450,
C-500 y C-550, que señalaban sus cargas en miles de quilos respectivamente. Todos
compartían cabina e interiores y únicamente variaba la masa a transportar. También
existió un C-152 como furgón cerrado de 1.500 kg. Si además se modificaba la
distancia entre ejes para otros servicios entonces teníamos el C-451, C452,
C-502, C-503, etc… …pero todos montaban
siempre el mismo motor. Solamente el C-700, por su cercanía a la
categoría de vehículo semipesado, o lo que tal se consideraba en aquella época,
montaría un Perkins de 5.000 cm3 de 100 CV. Tras unas 20.000
unidades fabricadas, la serie C se descontinuaría en 1969, siendo sustituida
por la serie D.
* * * * *
Para ilustrar aquellos vehículos en
su correspondiente escala a 1/43, hoy os traigo un morrudo bomberil, y otro más
típico, un chato con su caja abierta. Y es que si exceptuamos algunos
fabricantes patrios que en su día nos alegraron la vista tales como Otero Scale
Models o Modeltrans, la mayoría de miniaturas de Ebro evidentemente suelen
tener procedencia quiosquera. Siempre fue tremendamente difícil y caro hacerse
con alguna unidad de aquellas marcas premium incluso en el mercado de segunda
mano, por lo que para matar el gusanillo del coleccionismo, hoy en día abunda
el uso de estos modelos de quiosco para ser modificados por los manitas de
turno, al gusto de quién quiera pagar una personalización exclusiva por
encargo.
En mi opinión esta reproducción
del B-45 es la más bonita de cuantas aparecieron en los quioscos. Con el
número 17 de la recortada colección de ‘Camiones y Vehículos de Bomberos’
aparecida allá por 2016, no padece de gigantismo como el de ‘Cervezas El
Águila’ o el de ‘Spar’, ni tampoco tiene una configuración tan vista como el más
reciente botellero de ‘Coca-Cola’. Aunque cabe decir que estos tres últimos
modelitos también merecen la pena al estar muy bien rotulados y detallados,
resultando muy vistosos en la vitrina. En este caso, el de los Bomberos de
Tarazona, tenemos como principal cualidad la de ser un doble-cabina, y por
añadido, con toda la parafernalia típica que acompaña a estos vehículos de
extinción y prevención de incendios. Aunque es cierto que estos adornos no son
de lo mejor de la miniatura, tampoco es que la desmejoren, la acompañan
perfectamente, cumpliendo de sobras. A juzgar por la foto de portada del
vehículo real, lo que sobresale de la miniatura es la sensación general de que
es lo más fiel que han podido hacer por este precio.
En cuanto al C-700, número
22 de ‘Camiones y Autobuses Españoles’ me pareció que en su día pasó sin pena
ni gloria, pues no entusiasmó en demasía a los coleccionistas, ni tampoco suscitó
encendidos comentarios, supongo que por estar escondido en una larga colección
de cien fascículos, y como siempre sucede en estos casos, los modelos más
modestos quedan opacados por los más jugosos y esperados por pegasistas y barreiristas.
A mí me parece una gran reproducción (con sus fallos, que los tiene) pero de la
que los más habilidosos pueden partir para personalizarla y mejorarla
notablemente con muy poco esfuerzo, pues en esta configuración casi todo el
trabajo sucio ya está hecho. La rotulación, escueta como corresponde es fácil
de eliminar si así se desea. Es cierto que la baca, los limpias y el retro
resultan un pelín gruesos, y que la banda blanca de la caja podría estar mejor
adherida, pero como digo, del resto, incluido el apartado de la pintura,
prácticamente no hay que hacer nada. La caja si no es auténtica, no está mal
tirada, y los juegos de luces y señalizaciones están en su justo sitio, sin
alardes pero sin ausencias. Y los bajos también, muy completitos.
Yo, como siempre, lo dejo todo
tal y como está, y no me meto en camisas de once varas.






















