Evidentemente no existen
miniaturas de todos y cada uno de los modelos que conformaron las gamas de
SAVA. Sería interminable y resultaría muy repetitivo. Y además, de las que sí existen a
1/43, tampoco es cuestión de traerlas todas de golpe y porrazo. De momento,
comenzaremos por las seis que estuvieron más tiempo en el candelero, y en mejor
ocasión seguiremos con algunas otras, más propias de la época de colaboración
con BMC.
SAVA-BMC S-66 ‘MINISTERIO DE
OBRAS PÚBLICAS’ (1962)
En esta ocasión tenemos un
pequeño vehículo de mantenimiento vías públicas, ideal para el desplazamiento y
transporte de los que le dan al pico y a la pala en las brasas veraniegas del
asfalto. Fue el número cuatro de la colección ‘Vehículos de Reparto y
Servicio’, de insigne recuerdo, que tan buena y variada nos pareció. Y además
barata, quince euros el número. Teniendo en cuenta lo que se ofrecía en cada
uno de los modelos, casi siempre novedoso y bien ejecutado, a mí me parecía casi
regalado. Y lo más importante, la mayoría de modelos que desfilaron por
aquellos fascículos existieron en la realidad.
Esta SAVA en cuestión demuestra
que lo práctico y lo bonito no pueden coexistir a la vez en un mismo vehículo.
Probablemente la mayoría de los usuarios encontrarán que esta cabina es
horrible, pero yo pienso justo todo lo contrario, y me parece además un alarde
de ingeniería y de funcionalidad, salvo para un tercer pasajero. Si además le añadimos ese color típico del
Ministerio de Obras Públicas, entonces tenemos una miniatura que en la vitrina
siempre llamará poderosamente la atención. Y si además nos da por toquetearla
(poneos unos guantes, marranos) comprobaremos entonces que el volquete es
operativo. Como siempre, no nos vamos a librar de los pinchitos de los faros,
pero a cambio tendremos detalles por doquier. Los limpias podrían estar un poco
más afinados, y también las cartolas y su apertura, pero vuelvo a repetir por
quince euros, o menos aún en la reventa, ¿qué más puedes pedir?
SAVA SH-550 ‘CARBONES R.
SOLDADO’ (1967)
Estas series SH de SAVA con
nuevas cabinas fueron más bien escasas. No se prodigaron mucho. Costaban
alrededor de las 218.000 pesetas puestas en la calle, y eso ya equivalía al
precio aproximado de un Ebro medio de la serie C, siendo superados los de SAVA
en 15 ó 20 CV más y en 300 ó 400 Kg. más de carga. Por no hablar de la red de
servicio que Ebro poseía en toda España. La única ventaja que ofrecía SAVA era
más variedad de configuraciones y un aspecto más moderno aunque espartano.
En cuanto a la miniatura
encuentro que es muy buena, pero queda un tanto afeada por una carga de sacos
de carbón que seguimos viendo en sucesivas colecciones desde hace ya demasiados
años. Por lo visto, les sobró un cojón y medio de plástico y se les fue la mano
con los sacos ésos, y por eso nos los van endosando colección tras colección.
Mira que hay cosas que meter en una caja descubierta. Pero dicho el único
‘pero’ que le veo, puede verse que la miniatura está llena de un gran surtido
de detalles. Empezando por el ensuciado, que más bien parece ‘sfumato’, porque
yo lo hubiera aplicado bastante más oscuro, como correspondería a la hulla,
carbón o antracita. Pero bueno, algo es algo, con tal de salir de la rutina. El
chasis y los bajos son muy realistas, no he podido resistirme a echarle una
foto. Y el frontal, si nos atenemos a las fotos de archivo, muy completo. La
visera en la cabina completa el efecto de un pequeño vehículo de transporte del
típico ‘currela’ que aún con un pequeño negocio entre manos, se lo tomaba con
profesionalidad y muy en serio.
SAVA S-551 ‘GISPERT SA’ (1970)
Lo mismo puede decirse de esta
serie de furgonetas, derivadas de la anterior serie SH, y que SAVA trató de
complementar por abajo. No fueron vehículos de una gran difusión, y su anodina
estética, un poco fuera de lo que por norma nos tenía acostumbrados SAVA, provocó
que no fuera precisamente un éxito de ventas. A eso había que sumarle que los
mejores momentos de SAVA ya habían pasado. Francesco Scrimieri hacía años que
había vendido SAVA al grupo ENASA, y ésta, no tenía otra intención más que
hacer desaparecer unos productos que le restaban ventas y que constituían su
competencia directa. Mantuvieron SAVA como marca unos años pero utilizaron sus
series a modo de campo de pruebas para los motores de ENASA y para sondear las
necesidades del mercado, muy cambiante en aquellos años en que se producían
grandes flujos migratorios del campo a la ciudad. Y también para quedarse con
la parte de mercado que SAVA aún retenía con sus clientes más fieles. Pero en
la realidad, en 1969, la gama de vehículos de SAVA se limitaba a las J4, a las
LDO-5 y a estas series S, que trataban de cubrir el máximo de capacidades de
carga y de potencias aplicadas a cortas y medianas distancias.
La miniatura es parecida a la
anterior, pero con otro vestido. De hecho tanto en la realidad como a 1/43
comparten cabina, solo que los vehículos que representan corresponden a nichos
del mercado distintos. Un gran frontal, unos buenos bajos, buenas grafías… La
verdad es que está difícil sacarle pegas a este modelito. Quizás esos espejos,
que puede que sean propios del grupo SAVA pero que se me antojan pequeños para
salvar la caja con la que se le ha dotado a esta unidad. Además las J4 también
llevaban esos espejos, lo que no me cuadra mucho. Pero en líneas generales, se
trata de una gran miniatura, y si te agradan los clásicos del transporte
español, ésta no puede faltar en tu vitrina.
SAVA-Pegaso 515 ‘COPESE’ (1982)
Aquí la historia ya se había
terminado definitivamente para SAVA. Aunque la idea y la concepción fueron
vallisoletanas, la ejecución era plenamente madrileña. Proveniente de la gama
15 de SAVA, esta 515 copió todos los conceptos de aquella. Pero ya bajo el
paraguas de Pegaso, y con el fin de ir unificando en una sola todas las gamas
de una y otra empresa se le dotó de una apariencia exacta a la segunda
generación de su hermana pequeña J4, y motorizándola además con ingenios
provenientes del grupo ENASA. Solo que
un poquito más grande. Ésta en concreto disponía de una capacidad de carga de 5.000
Kg. y el motivo de que no se fabricasen furgones cerrados en aquella serie 15
de SAVA, ni en ésta de las 215-315-415-515 era que ya existía la gama de las
Cosmos, por lo que se consideró que el cliente estaba debidamente surtido en el
pequeño tonelaje.
En el caso de esta miniatura
podemos observar que viene con la decoración de la empresa COPESE, muy popular
en Castilla. Hoy en día no es raro toparse con algún camión de esta empresa.
Tampoco hace 40 años. Como siempre el interior es negro y monocromo pero a
cambio tenemos una buena decoración. Detalles como los limpiaparabrisas y los
espejos en negro, a juego con la calandra, los cercos de los faros, de los
vidrios y del mismo chasis, hacen que tengamos la sensación de estar ante una
miniatura de gran calidad. Espero que en un futuro esta editorial u otra nos
regale la vista con otra miniatura como ésta pero en otra configuración, a ser
posible descubierta, y con unos sacos como carga. No, es broma. Algo de
chatarra, o si no, un pequeño frigo con su máquina de aire, que las hubo.
También podría ser un botellero, aunque mejor que sea de gaseosas de algún
pequeño productor local.
SAVA-Austin J4 1ª serie ‘EL
CORTE INGLÉS’ (1969)
y
SAVA-Pegaso J4 800 2ª serie
‘RECAMBIOS PEGASO’ (1982)
Y vamos con la SAVA más
emblemática. La que casi todo el mundo tiene en mente. Y la SAVA que más se
vendió: 20.000 unidades aprox. de la
primera serie (de 1965 a 1974) y unas 50.000 entre la segunda. Por algo sería.
Supongo que por su gran variedad de configuraciones, el poder optar a puertas
correderas y sobre todo por un consumo comedido, un bajo mantenimiento y una
gran maniobrabilidad, aunque no sobresaliese por sus prestaciones. Era de esas
furgonetillas que no llamaba la atención pero que estaban por todas partes.
Dentro de la segunda serie pueden
diferenciarse a su vez las J4 700 y J4 800 (desde 1975 a 1978) con motorización
Pegaso de 38 CV y las J4 1000 y J4 1100 (desde 1979 a 1989) con motor de 50 CV.
Estas subseries se diferencian entre sí por que la primera aún mantiene las
letras de SAVA en el frontal y las luces traseras siguen estando redondeadas.
En la segunda subserie se remodelaron los interiores, haciéndola menos
espartana, los limpias se sitúan por fin debajo del parabrisas, y no como hasta
ahora, siempre arriba, y por detrás las luces se vuelven rectangulares y las
ventanas más grandes. Desde 1982 hasta su descontinuación ya nunca más
aparecerá el logotipo de SAVA junto al de Pegaso, solo prevalecerá éste último.
Se ha hecho difícil elegir una
miniatura representativa de cada época. Por ejemplo, para la primera serie, de
directa licencia inglesa, de entre todas aquellas ‘Furgonetas de Antaño’
ni una de ellas trae el logo de SAVA, y mucho menos la plaquita de BMC. Sí es
verdad que aún teniendo unos acabados de hace veinte años, cuando las
miniaturas eran menos refinadas que ahora, todos los detalles están más o menos
representados. Sin embargo me decanté por ésta de los grandes almacenes al
tener una decoración francamente lograda y atractiva, aunque puede que en parte
sea inventada. A la vez, y para conjuntar la miniatura se obligaron a pintar
los retros, limpias, parachoques y llantas en otros colores diferentes a los habituales
cromados, y evitar así cualquier equívoco en partes metalizadas. Además trae
una baca con un color azafrán acorde al resto del pintado, aunque un tanto
basta. Aunque ya ha quedado dicho: hace veinte años las miniaturas de quiosco
eran así. Lo que nunca entendí es porqué las ventanillas, tanto del piloto como
del copiloto tienen su apertura inclinada hacia atrás, cuando siempre fueron
verticales.
El motivo para la elección de la
miniatura en su segunda serie es el mismo que el de la primera: la vistosidad
de su librea. Al tratarse de un vehículo de asistencia porta los mismos colores
que los camiones T1 de Pegaso que mezclaban negro y blanco con rayas coloradas
y naranjas, lo que está muy bien traído. ¿Os acordáis del Casintra cuatro patas
y del Trakker de obras? Pues bien, esta J4 fue el tercer regalo de suscripción
de la colección ‘Camiones Pegaso’ que venía con ellos. Un grato
recuerdo. Pero hasta aquí las buenas noticias. Porque con esta miniatura tenemos
varios fallos garrafales, algunos de ellos clonados del famoso molde de la J4
de ‘Fósforos del Pirineo’. Si puerta es corredera, por dios, la maneta no puede
ser horizontal extraíble con pulsador, sino vertical de palanca. En eso han
acertado con esta versión, pero no en otras de aquella colección. Las llantas
siguen siendo las mismas que las de los años sesenta y los espejos también han
sido mantenidos con una disposición incorrecta, cuando deberían ser
horizontales, y no ‘pinchados’ en vertical. Y dependiendo del año (desde 1982)
incluso los espejos deberían tener doble agarre a la carrocería. Las
ventanillas deslizantes persisten en el error de estar inclinadas y los
limpiaparabrisas quizás también deberían ir por debajo de la luneta, apuntando
hacia arriba, y no al revés. Para mi gusto, las mejores representaciones de una
y otra serie (o mejor dicho, con menos errores) son la Sava-Austin de
‘Soberano’ y la Pegaso J4-1100 de ‘Carbones Mateo’.
* * *
* *
BREVE HISTORIA DE SAVA.
Hoy no tengo el día inspirado, así que esto va a ser una especie de anuario, únicamente
referido a una de las marcas más emblemáticas, más exitosas y a la vez más
queridas de este país.
1938. Guerra Civil
española. Con las tropas italianas llega Francesco Scrimieri, ingeniero
mecánico de esa nacionalidad procedente de la FIAT, para tareas de
mantenimiento en el parque móvil de las tropas transalpinas que Mussolini
destinó como ayuda militar, entre otros, al ejército golpista de Franco, ubicando
su mando en el centro de la península.
1940. Finalizada la
Guerra, Scrimieri se instala en Valladolid y funda la Fábrica de Artículos de
Aluminio – FADA – siendo su cometido principal la fabricación de utensilios
de cocina tomando como base ese material. Durante toda una década no le irá
mal fabricando cacerolas en la dura posguerra española.
1954. Pero Scrimieri siempre ha tenido otros planes en mente y se trae de Italia a otro ingeniero, Francesco Parisi. Juntos presentan el primer prototipo del tricarro o tricamioneta denominado FADA P-54. Debe tener tres ruedas, porque si tuviera cuatro directamente sería una ilegalidad. Solo pueden fabricar automóviles los adictos al régimen y al I.N.I., el todopoderoso Instituto Nacional de Industria. Es un monocilíndrico de 673 cm3 con refrigeración por aire, funciona con gasolina, y tiene una potencia de 20 CV. Puede acarrear hasta 1.500 kg. de carga útil. Se fabricó una unidad de muestra pero solo consiguió interesar interesar a la empresa Motores Diésel Matacás, quién solo quería el vehículo para implementar sus propios motores. Idea, por supuesto, desechada por Scrimieri.
1955. Scrimieri sabe que
esto va a ser duro y que va a ir muy despacio, así que funda otra empresa, ‘Mondial
Piston Española’ – más tarde ‘Tecnauto
SA’ – dedicada a la fabricación de componentes para automóviles. No es lo
mismo que fabricarlos al completo, pero al menos tiene ya el pie metido en la
puerta de los cuatro ruedas, por el asunto de las futuras licencias y permisos.
1957. Nuestro italiano
funda por fin SAVA – Sociedad Anónima de Vehículos Automóviles – con
fábrica principal en las afueras de Valladolid. Y por fin comienza la
fabricación de la SAVA P-54. Es igual que la FADA, salvo en el frontal.
Su cabina será además de fibra de vidrio y con el puesto de conducción a la
derecha para bajar siempre del lado de la acera, facilitando las tareas al
conductor/repartidor, y evitar así que éste sea atropellado. El cuadro de
mandos seguirá estando a la izquierda. Cosas de la época.
1959. Se descontinua la
P-54, pero entra en escena la SAVA P-58, primer vehículo de la marca con
cuatro ruedas. Su carrocería también es de fibra de vidrio, y al tratarse de un
camión ligero con una carga de útil de 2.500 Kg. necesitará de un impulsor más
potente. Scrimieri llega a un acuerdo con Eduardo Barreiros para que monte los
motores EB-4 de cuatro tiempos y 3.155 cm3, con una potencia de 55
CV. Es el camioncito ideal de aquella época para el reparto de bebidas y de
bombonas de butano de ciudades en plena expansión, y tiene un éxito inmediato.
1960. SAVA firma un
acuerdo de colaboración y asistencia técnica con la British Motor
Corporation – BMC – conglomerado
que aglutinaba a varias marcas como MG, Morris, Austin, Nuffield, Wolseley y
otras muchas. A partir de entonces la entidad vallisoletana podrá fabricar cualquier
tipo de vehículo industrial bajo licencia británica.
1961-1966. Se descontinua
la P-58, pero fruto de la colaboración inglesa en un lustro irán apareciendo
los nuevos camiones de SAVA, el S-70, S-66, S-76 y
A-404, de cargas útiles 3.000, 2.000, 3.500 y 4.000 Kg. respectivamente,
así como el autobús S-71. La S-70, de 1961, aún montará ese motor EB-4 de
Barreiros de 55 CV antes comentado. Pero los otros tres, ya desde 1962
dispondrán de motores diésel de 2.178 cm3, 3.400 cm3 y
3.800 cm3, con respectivas potencias de 62, 68 y 77 CV.
1961-1970. SAVA
comercializó también autocares de origen inglés, si bien el ensamblaje y
carrozado se dejó en manos de carroceros de buena reputación. El más conocido
de todos sin duda fue el situado en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) por Unión
Carrocera Castro-Caride SA, luego llamada UNICAR, y más tarde Castrosúa.
También hubo gran variedad de minibuses basados en la propia serie S de SAVA,
si bien, una vez absorbida la empresa vallisoletana por ENASA se tomaron las
Cosmos como base de los minibuses 5701, 5715 y 5720.
1962-1972. SAVA también
fabricará el furgón cerrado de reparto Morris LD 150, y que en España fue
redenominado como SAVA LDO-5. Un ‘walk thru’ de piso llano y que
permitía fácil acceso desde cualquiera de sus dos puertas. Tenía 1.500 kg. de
carga útil y estaba movida por un motor inglés de 62 CV y 2.178 cm3.
Existió también como camioneta abierta, aunque sin duda el más popular fue el
furgón cerrado, gracias al encargo de cientos de unidades por parte de Bimbo o
Danone.
1962-1967. SAVA comienza la
fabricación de camiones de pequeño tonelaje, como el SAVA-Austin A-504
(en su país realmente era el Morris FH). De 5.100 cm3 y 107 CV de
potencia, hasta 1962 era lo más potente que SAVA podía ofrecer. Luego lo mejoró
hasta los 125 CV gracias a otro motor de 5.600 cm3 lo que le
permitía acarrear 7.500 Kg. de carga. Entre 1965-1968 SAVA fabricó el SAVA-Austin
A-503, que básicamente en prestaciones era el mismo camión que el anterior,
solo que tenía cabina retrasada, vamos un buen morro. Tenía también 125 CV,
aunque su carga ascendía solo a 7.000 Kg. Todos ellos eran de motorización
inglesa.
1964-1969. SAVA pretendió
dar el salto definitivo, y acordó otra colaboración con la francesa Berliet
para fabricar, más bien ensamblar, camiones de gran tonelaje. El elegido fue el
modelo SAVA-Berliet GPS-12 de 24 toneladas, motor de 12 litros y 240 CV.
Su fabricación comenzó en 1965 y habiendo adquirido SAVA previamente la empresa
de motores diésel Matacás, ésta fue la elegida para motorizarlo. Pero a pesar
de ser uno de los camiones de tres ejes más potentes y con más capacidad de
carga de la época, superiores a los Pegasos, Ebros y Barreiros de la época, debido
a su precio poco competitivo, en tan solo cuatro años apenas se encargaron 500
unidades, por lo que en 1969 fue descontinuado.
1965-1969. SAVA continúa
exprimiendo las licencias británicas, y comienza la construcción de los
camiones ligeros SAVA FF-800, FH-800 y FFK-360. Se trata
de dos rígidos y una pequeña cabeza tractora que montan el mismo motor de
origen británico de 5.660 cm3 con 125 CV. Son perfectos para el transporte
urbano de 9.000 Kg. (15.000 Kg. la tractora), y pudieron verse sobre todo
vestidos de naranja repartiendo butano o bien como distribución de
bebidas.
1965-1974. Había un sector
industrial que SAVA había descuidado un tanto, y ese no era otro que las
furgonetas ligeras. Hablamos claro está, de la SAVA J4, que en las islas
fueron fabricadas tanto por Austin, como Morris, como BMC. Se supone que era la
hermana menor de la LD-150 (aquí LDO-5) y estaba enfocada al pequeño
comerciante, más que a las grandes empresas con sus ingentes flotas. Su punto
fuerte era la versatilidad de configuraciones, la inmensa variedad de versiones
existentes, y la posibilidad de sus múltiples opciones de carrozado, pudiendo
confeccionarse prácticamente un vehículo a medida del cliente más exigente. En
su primera serie, inicialmente montó un motor de origen BMC de 1.489 cm3 y 40
CV, adoptando a partir de 1968 un motor de la propia SAVA del mismo cubicaje pero
que erogaba 46 CV.
1965-1969. SAVA no quiere
depender tan profundamente de BMC, y deja de fabricar los camiones ligeros con
las peculiares cabinas inglesas. Aunque se mantendrá el motor de BMC de 3.800
cm3 y 77 CV, adoptará una nueva cabina basada levemente en las
Berliet/Barreiros, más cuadradas y panorámicas, dando lugar a las nuevas series
SH-250, SH-400, SH-450, SH-500 y SH-550. Su
diferencia principal entre ellas será su capacidad de carga: de 3.000, 4.250,
4.500, 5.250, y 6.000 Kg. respectivamente.
1968-1976. Lo mismo reza
para las furgonetas. Se adapta la misma cabina de la serie SH para las nuevas
series S-211, S-212, S-213, S-221, S-311, S-411,
S-511 y S-551, con el propósito de cubrir unos rangos de carga
útil desde los 1.500 Kg. hasta los 5.000 Kg. Montarán motores igualmente
ingleses pero de 2.178 cm3 con 62CV para las peques, y de 2.526 cm3 con
71 CV para las dos más grandes (S-511 y S-551). Pero esta serie, teniendo en
cuenta la gran variedad de configuraciones que podía llegar a tener, fue
cortada de raíz con la entrada de la nueva serie S, que vino a sustituirla.
1967-1980. En un intento
por abarcar y extender sus tentáculos aún más, en esta ocasión SAVA pone el ojo
en el sector agrícola, y logra la concesión de licencia para fabricar tractores
de la marca inglesa Nuffield. El modelo inicial elegido será
denominado SAVA-Nuffield 10/60 Standard, basado en el Universal Four
de dicho fabricante, con motor de 4 cilindros, 60 CV y cinco velocidades. Pero
en 1973 BMC sería disuelta y absorbida a su vez por Leyland, por lo que esa
licencia dejó de tener efecto. SAVA tampoco podía utilizar la suya, por haber
sido comprada años antes por ENASA. Scrimieri, que se reservó la división
agrícola de SAVA, fundó entonces MOTRANSA – Modificaciones y
Transformaciones SA – para poder continuar fabricando tractores, aunque el
experimento duró solo unos pocos años más. Los más conocidos fueron los MOTRANSA-Nuffield
551 (con motores Perkins) y los MOTRANSA-NUFFIELD 851 (con motores
Pegaso). Pero ENASA era insaciable, y comenzó a fabricar también pequeños
tractores viticultores, invadiendo el nicho en el que se había instalado
MOTRANSA. Scrimieri al fin se rindió y también acabó por vender esta última al
grupo FIAT.
1972-1977. También le
llegó el turno a las LDO-5. Había que renovar la gama, y se presentaron los
furgones 5721 y 5723, apodados Cosmos, y compuestas sus
cajas cerradas de paneles de fibra de vidrio. La 5721 era de chasis más corto y
cargaba 1.500 Kg., siendo la 5723 lógicamente más larga, y con 1.700 Kg. de
peso a transportar. La 5721 portaba un motor de origen Pegaso, de 2.526 cm3
que daba 71 CV, y la 5723 otro Pegaso de 3.800 cm3 con sus escasos
76 CV.
1977-1981. Las Cosmos
pasaron a recibir ciertas modificaciones estéticas, sobre todo la calandra, que
cambió a plástico negro, y también, como no, de carga. Se redenominaron a 5741
y 5743, y tenían 1.700 Kg. y 3.300 Kg. de carga máxima, respectivamente.
El asunto de esto es que dejaron de comercializarse como SAVA para hacerlo bajo
la marca Pegaso. Por eso mantuvieron el motor de origen Pegaso de 3.800 cm3
de solo 76 CV.
1974 -1982. Al igual que
las Cosmos, la SAVA J4 tendría una segunda generación, que
consistió sobre todo en un remozado del frontal, con un morro más picudo y
defensas más anchas. La mejora estaba en su interior, con impulsores de origen
Pegaso de 1.489 cm3 y 1.789 cm3 que proporcionaban potencias de 38 CV y 50 CV
para las respectivas versiones más pequeñas J4 700 y 800, y las mayores J4 1000
y 1100, que se correspondían con su capacidad de carga. Esta segunda serie de la J4 acabaría también
fabricándose bajo la denominación de Pegaso.
1977-1982. Como se comentó
antes, la serie S de 1968-1976 se descontinuó en favor de la creación de una
nueva llamada S-15, adoptando la misma estética que la J4, con un frontal más
prominente, una calandra negra, y unos parachoques más abultados. Así tuvimos
la SAVA S-215, S-315, S-415, S-515 y S-217,
que abarcaban unas cargas de 2.000, 3.000, 4.000 y 5.000 Kg. Estaban impulsados
por unos motores del propio grupo Pegaso, de 2.526 cm3 y 3.800 cm3,
para moverse en unas potencias de entre 71 Cv y 76 CV. También Pegaso acabó por
fabricar esta serie bajo su marca.
1966. Final anticipado. En
su día Barreiros vió un filón de oro en SAVA con su magnífica fábrica en pleno
centro de la meseta y su amplísima oferta de vehículos industriales, por lo que
decidió comprar la empresa a Scrimieri. SAVA había crecido mucho pero de forma
desordenada, y los débitos y préstamos se acumulaban sin remisión. Al italiano le
gustó esa música con dulce fondo de gaita gallega, y afinó las orejas ante la
posible oferta que don Eduardo pudiera hacerle. Pero el INI, o lo que es lo
mismo, el régimen dictatorial no permitió que Barreiros acaparase tanto poder y
se quedase con el pedazo más grande del pastel. No permitió que Barreiros se
convirtiera en competencia directa de los camiones Pegaso de ENASA, la joya del
I.N.I., y que la suma de Barreiros y SAVA derivase en el grupo industrial más
fuerte de España. El régimen llegará al
punto incluso de retener e intimidar al propio Scrimieri para que no pudiera
reunirse de nuevo con Barreiros. No es difícil imaginar esa escena, por muy superviviente
italiano del frente de Guadalajara que éste hubiera sido. Al final sería la propia ENASA quien compraría ese mismo año la mayoría del conglomerado
SAVA, dejando a Scrimieri únicamente con la división agrícola, que luego daría en llamarse MOTRANSA.
El nombre de SAVA se mantendrá
vigente pero dentro del grupo ENASA hasta 1982, fecha en que desaparece
definitivamente como marca.
Hasta la próxima entradilla...













































































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