Vamos a realizar un ejercicio comparativo entre marcas
francesas y alemanas. ¿Cómo tratan los galos a sus vecinos? ¿Y los germanos a
aquéllos? Para esta ocasión tendremos un
Opel Blitz de la francesa Norev, y un Citroën CX Break de la alemana
Minichamps.
OPEL BLITZ 1,5 Tn. (1949) de NOREV
En este blog ya hemos tenido alguna que otra entrada
sobre este longevo camioncito. Pero en este caso nos centraremos en la
ejecución del fabricante de la miniatura, más que en el propio vehículo
representado.
Los modelos de Norev, los que yo conozco de este siglo,
siempre han tenido dos puntos fuertes, y en los que el personal de Villeurbanne
casi nunca falla: el molde y su pintado. Especialmente cuando se refiere a
engrosar su propio y extenso catálogo. Suelen clavar estos dos aspectos, incluso a
veces cuando las ediciones son para colecciones editoriales. Si consigues
hacerte con un clásico italiano de Fiat Story, o de Lancia Story de Hachette,
por ejemplo, enseguida, a simple vista, pueden reconocerse sus finos moldes, y
la limpia aplicación de la pintura, diferenciándolos de otros fabricantes
italianos que también trabajaron para esas mismas editoriales.
Me viene a la memoria, por ejemplo, los Lancia Fulvia,
Aprilia y Appia. O los Fiat Balilla y el 1900, todos ellos de bellísima factura
y fáciles y baratos de conseguir. Y eso que eran de coleccionables de quiosco. En
cambio, también recuerdo los que Norev procuró a la Renault Collection y a la
Citroën Collection. Algunos números estaban muy bien, pero en otros se advertía
que los moldes eran del siglo anterior, y ya no eran tan redondos como los que
ahora se comenta. Hablo por ejemplo del R-30, el R-18, el 21 Nevada, el R-16,
el Fiat 127, el Panda, el XM y alguno que otro más. De todas formas, estábamos
encantados (y seguimos estándolo) de poder tenerlos, pero más por el vacío de
aquellos años que no realmente por su calidad intrínseca.
Para este Blitz, si centramos la vista solo en la
‘carrocería’, es más, si desmontas la miniatura dejando solo el metal, te darás
cuenta del realismo que suele ofrecer esta marca. Tendríamos una cabina con
chasis de muy bella factura, pero en conjunto, tarde o temprano tiene que aparecer
el plástico, y eso suele desmerecer la valoración total. Evidentemente en una
miniatura de cierto tamaño, aunque sea de un camión ligero como éste, hacerlo
todo en diecast sería antieconómico, y además difícil de montar, atornillar o
soldar, complicando la factura y el proceso de fabricación. Así que es casi
inevitable hacer las cajas y los arrastres en plástico. Aun así, puede verse
que los insertos son muy buenos, léase manetas, faros, retrovisores, espejos,
etc… La caja en sí misma (quiero pensar
que es para ganado), está poco vista en este mundillo, pero no puede disimular
su aspecto plasticoso, y en el conjunto de texturas que una miniatura puede
ofrecer, se nota la diferencia entre unos materiales y otros. Aún así, me
parece un modelito muy atractivo, y desde luego no tengo inconveniente en
añadir otro vehículo industrial clásico como éste a mi colección.
CITROËN CX D BREAK REFLEX (1980) de MINICHAMPS
Años setenta. Hablamos de una época de la automoción en que
las marcas ofrecían una gran variedad de versiones y equipamientos de sus amplias
gamas de modelos. Y más en el caso de su buque insignia, el CX, el cual estuvo
en producción desde 1974 hasta 1991. Citroën Hispania, con factoría propia en
Vigo, así como muchos de sus componentes en Getafe, aprovechó su tirón y su
extensa red de ventas para que los más exigentes conductores picaran con este
vehículo. Esta versión concretamente apareció en España en 1981, con motor de
2.4 litros y cinco velocidades, manual por supuesto. Hubo otras dos versiones
de 2.0 y 2.4 de gasolina, aunque solamente con 4 velocidades. Pero en su época,
recién inaugurados los ochenta, los turbo diésel eran auténticos aviones de
entre 76 y 95 CV que aunque no tenían un gran reprise, podían alcanzar los 180
km/h. Imagina éso en una autopista con la famosa suspensión hidroneumática. Las
versiones de gasolina, entre 128 y 168 CV rozaban los 200 km/h. Lo dicho. Un
cohete espacial estos CX, al alcance de unos pocos afortunados. Unos mil y
poco, como mucho, que fueron los que se distribuyeron inicialmente en España,
si contamos las versiones break de ese año en sus diferentes motorizaciones y
versiones. Todo ésto en cuanto a la producción/venta nacional.
Pero desde aquél año de 1981, hasta su descontinuación en
1991, estos CX fueron mejorados sucesivamente con motores más potentes y
equipamientos aún más refinados. El motivo no fue otro que la entrada en vigor
de la Ley ministerial ‘Sahagún’, que ya permitía la importación por cuotas de
cualquier vehículo en territorio español, con vistas a la próxima entrada en el
mercado común europeo. Esta liberalización, completada al ciento por ciento en
1984, perjudicó claramente al CX (y a otros vehículos de producción nacional),
que si ya eran minoritarios antes, después, en plena vorágine de importaciones
convirtió a este tipo de vehículos en algo aún más raruno y exclusivo, y con
muy poca distribución. Por esos precios, el conductor español de posibles se
lanzó directamente a por un BMW, un Mercedes, un Ford berlina o algo similar,
que si bien no eran tan bonitos ni exclusivos como nuestro CX, prácticamente
ofrecían lo mismo por bastante menos dinero. Una vez ubicado el modelo en su
contexto, vamos a hacer lo propio con la miniatura, que representa a la
entonces novedosa versión aparecida mundialmente en 1980, un año más tarde en
España.
Puede verse que dentro de lo que Minichamps es capaz de
hacer, esta miniatura estaría en un término medio de calidad. Es decir, no está
nada mal, pero se nota que la reproducción ya tiene unos años. De hecho, si
buscas bien, puedes encontrarla en torno a los 35-40 euros como precio
estándar. Algo más si el fabricante es más exótico como Kess o Maxichamps. En
todo caso, la versión exacta del modelo es bien reconocible, aunque no lo diga
ni la peana, ni sus milimétricas plaquitas. Posee todos aquellos pequeños detalles
como los tapacubos, la moldura doble lateral, el techo solar y los cuernos
delanteros recortados en el parachoques que le hacen inconfundible. No así el
interior, que es oscuramente monocromo. Negrísimo. Precisamente estas versiones
break destacaban justo por éso, por tener unos luminosos interiores, con
butacones y salpicaderos en colores claros y llamativos, alejándose un poco de
la supuesta sobriedad que debería predominar en estos vehículos para la gente
de abrigo.
No obstante, a pesar de los años transcurridos desde su
aparición, este CX sigue teniendo un alto nivel con sus típicos faros
delanteros, su extraordinario detallado en el juego de luces trasero, y cómo
no, su molde, bien pergeñado y ejecutado. No me canso de decir que, a pesar de
mis pésimas fotos, el frontal y la trasera siguen siendo magníficos, y su
silueta de perfil, un inconfundible tiburón con un gran coeficiente
aerodinámico de penetración en el aire. Rápidamente nos acordaremos de aquellas
ambulancias y de aquellos vehículos funerarios, que tan bien aprovecharon el
desarrollo de este vehículo hasta sus más longevas cotas, antes de que se
decidiera medicalizar las furgonetas.
Minichamps tiene este modelito en color rojo-tierra y
también en azul cyan-violeta, más llamativos y bonitos que éste, pero sin duda,
más difíciles de encontrar, aunque su interior siga siendo negro, negrísimo. De
todas formas, los que hemos vivido los ochenta con cierto conocimiento de
causa, tenemos a este coche como uno de los ’rompe-cuellos’ de la época, por el
que inevitablemente tenías que girarte para poder seguir admirándolo en sus
fugaces y escasas apariciones.
¿Cuál te gusta más? ¿Cuál es el que te parece mejor hecho?
















