MAN F8 ‘BV-ARAL’ (1951) de MINICHAMPS
El otro día que estuvimos tratando sobre algunos camiones de
M·A·N Diesel y sus cabinas con morro típicas de los sesenta y los
setenta, se nos quedó en el tintero la anterior generación a la que ésta
sustituía, todavía con cabina retrasada, por supuesto. Hablamos de la serie
F, que también le tocó en suerte aquellos duros años del milagro alemán,
comprendidos entre el fin de la 2ª Guerra Mundial y los años 50. No sería hasta
1951 que MAN se atrevió a retomar la fabricación de vehículos pesados, aptos
para manejarse en lo más duro del sector. Lógicamente en aquel momento poca
innovación podía haber, porque no estaba el horno para bollos, así que MAN
apostó por lo ya conocido y fue a asegurar el tiro comenzando con este F8,
muy parecido a los camiones que la marca fabricó hasta justo antes del
estallido de la susodicha contienda.
Estaba dotado con un silencioso
(‘susurrante‘ según su publicidad) motor de 8 cilindros en V, por lo que el
morro, aunque largo, era más breve que los anteriormente existentes a la guerra
y por tanto daba a estos camiones un margen extra de maniobrabilidad. Inicialmente
fue dotado con un impulsor V8 de 150 CV, pero en dos años se le montó un nuevo bloque
de 11,6 litros con una potencia de 180 CV, así que desde ese momento el F8 se
convirtió en el modelo más potente que MAN podía colocar en el mercado. Si
además se le acoplaba un semirremolque con el que pudiera alcanzar las 22
toneladas de carga útil, entonces ya pudo tutear a otras marcas en el pujante
negocio de obras y de la reconstrucción general de Alemania, y sobre todo en el
de las rutas de largo recorrido.
El F8 estuvo en producción hasta 1963, cuando
fue sustituido paulatinamente a lo largo de los sesenta por otros camiones más
modernos y actuales, y el milagro económico alemán ya estaba más que
consagrado. Este morrudo F8 de los años 50 y comienzos de los sesenta no debe
confundirse con la serie setentera de los F7/F8/F9 de cabina adelantada y cuadrada
de SAVIEM, y ya con la insignia del león de Büssing en su frontal. Éstos, además
de cuadradotes, montaban motores más bajos, situados casi completamente bajo el
chasis, una cualidad muy apreciada por los clientes habituales de Büssing, por
su alta estabilidad y por dejar una cabina aún más diáfana para el chófer. Ya
habrá ocasión más adelante de meterse en ese charco.
* * * * *
Con este tipo de miniaturas hay una cara y también hay una
cruz: es obligatorio ensalzar sus virtudes, que las tiene y muchas, pero a su
vez hay que reprochar a los señores de Minichamps que nos tengan abandonados a
los coleccionistas que gustamos de vehículos industriales de anteriores épocas.
Aunque este MAN F8 se trata de una miniatura ya veterana, aguanta perfectamente
el tirón, y sirve como ilustración de los buenos años anteriores del ‘diecast a
la carta’, en contraposición al inmenso erial que existe hoy en día con estos
mismos fabricantes, siempre dentro de lo relacionado con el sector del transporte
clásico. Si no fuera por algunas de estas marcas premium o cercanas a lo que considerábamos
como tales y que se dedicaron a darnos envidia y hacernos babear con sus
reproducciones, hoy apenas tendríamos representación alguna si no fuera por el
coleccionismo de quiosco. Desde hace unos años estamos teniendo suerte en el
sentido de que algunas editoriales nos tienen entretenidos con diversas colecciones
de camiones y demás vehículos de servicios. Pero al tratarse de un conglomerado
de muy pocas empresas a nivel europeo y/o sudamericano, en el que se busca la
venta al por mayor y no el detalle, tras varias colecciones en estos últimos
años inevitablemente acaban por repetirse cabinas, arrastres y configuraciones.
Eso da una segunda oportunidad a los rezagados que no pudieron o no se
enteraron del curso de algunas colecciones de la anterior década, pero que en
ésta pueden resarcirse, incluso en muchos casos con claras mejoras respecto a
las miniaturas de hace 10 ó 15 años. Esto por sí mismo ya daría para un foro de
debate: la mejora de la calidad a pesar del aumento de los precios editoriales,
acercándose a fabricantes como la propia Minichamps. El caso es que los que
llevamos ya todo este siglo coleccionando de quiosco, pues estamos empezando a
saturarnos. Pero solo un poquito, tampoco hay que hacer un drama de ello.
En todo caso, este ‘ARAL’ es un clásico entre los clásicos,
y si sientes curiosidad, te llama la atención y te sobran unos cien lereles, entonces
debe estar en tus vitrinas. Solo por lo bonito y elegante que es, ya compensa
ese dispendio. Además llama mucho la atención, porque todo aquél ajeno a este mundillo
cuando le echa un vistazo a tus vitrinas, enseguida advierte su presencia, y lo
primero que preguntan es qué diablos es ‘éso’ que parece de juguete. Solo
cuando le indicas al ‘cuñao’ de turno que se lo mire de más cerca mientras
abres las portezuelas de la vitrina, entonces se da cuenta de lo que es, la
marca y modelo concreto que representa, y el sinfín de adminículos y detalles
que trae. Si además se lo sacas y lo expones a unos pocos centímetros de sus
narices siempre suelen aparecer más o menos los mismos comentarios: se ve hasta
el dibujo de los neumáticos, la virguería de insignia en el morro, los rótulos se pueden leer, las manetas parece que abren las puertas, las luces, etc… …babean con las miniaturas pero no conciben
que un ser bípedo se gaste ese dinero en ‘juguetitos’ y no en una buena mariscada.
Prioridades.
* * * * *
.jpeg)
%202.jpeg)



%20CEMENTERA.jpeg)
















