domingo, 22 de marzo de 2026

ITALIANOS REPARTIENDO

 

Es lo primero que me viene a la mente cuando oigo las palabras reparto e Italia. Pero en cuestión de vehículos ligeros de transporte, y para salir de los Avia, Barreiros, Ebro, Sava, etc de turno, hoy traemos por aquí unos cuantos de aquellas tierras, poco o nada vistos aquí, siempre dentro del sector servicios y reparto; pero que nos pueden servir para comparar y constatar que la cosa tampoco era muy diferente entre ambos países. Ya tuvimos ocasión de echarle el ojo a algún que otro clásico transalpino, así que aquí vienen unos pocos más. 


 

ALFA ROMEO F20 ‘RAI’ (1969) de IXO

 

Vamos con el ‘furgoncino’ más grande y más próximo en el tiempo, propio de la época ‘join-venture’ de FIAT, ya dueña de casi todo en su país, y que no dudó en aliarse con la francesa Saviem y la alemana MAN, para desarrollar conjuntamente vehículos comerciales ligeros que iban de las tres toneladas hasta las seis o siete, según modelo y versión. SAVIEM, en la órbita de Renault, tomó prestado de ésta su archiconocida Super Goélette (SG) y en 1967 convence a los italianos para que se fabrique en suelo napolitano, menos dados a pagar impuestos. Esta ‘nueva’ serie se compondrá de los camiones ligeros A15 (en bruto 3.500 Kg), A19 (3.900 Kg) y A38 (6.300 Kg).  En 1.969 aparecería el tope de gama, el furgón F20, de 4.300 Kg, cerrado y sobreelevado en su versión más común, también ‘telonato’ y en plataforma simple. Todos éstos modelos y versiones utilizaban el mismo impulsor, es decir un motor diésel Alfa Romeo 599/03 de 3.017 cm3, con sistema de inyección MAN y que daba 72 CV, salvo la A38 que estaba potenciada a 79 CV.


 

Se vendieron menos de 3.500 unidades y constituyó un fracaso comercial, pues por aquella época la poca capacidad de carga en relación al peso total y la escasa potencia para la complicada orografía italiana, alejaron el interés del usuario por este vehículo. Por ejemplo, la A15 con sus 3,5 toneladas de peso en bruto solo podía con 1.460 Kg. de carga. La A38, con 6,3 toneladas acarreaba tan solo 3.500 Kg. Ésto provocó el fin de la alianza SAVIEM-Alfa Romeo, e hizo que ésta última se echara definitivamente en los brazos de FIAT Veiccoli Industriale. Se creó la SOFIM (seguro que os suena), sociedad Franco Italiana de Motores compuesta a partes iguales por Renault, FIAT y Saviem, causando la práctica desaparición de la división industrial de Alfa Romeo.


 

Escaso incluso en su país de producción, este modelo nos es remotamente conocido por ser derivado directo de los SAVIEM Super Goélette o SG2, con ese frontal y esos faros tan característicos, y que nos hemos hartado de ver en las colecciones del país galo, como la de Michelin, o alguna de aquí, como el requetevisto furgón de Anís del Mono. La diferencia, una vez más, es que aún siendo un producto de la factoría IXO, el italiano está tratado con mayor mimo que los modelos patrios que nos tocó en suerte. Aunque también hay que decir que casi una década los separan, desde la aparición de éste y de aquellos. Aquí la pintura es casi perfecta, aún existiendo dos colores. No hay ‘brochazos’ que invadan la parcela del otro, pues la línea que los separa está perfectamente definida, y nos traslada de manera correcta la sensación de vehículo funcionarial, serio y sin alardes, como confirma su escaso y conciso rótulo en amarillo de la Radio Televisione Italiana.





 

Los limpiaparabrisas son muy buenos, y los retrovisores, no tan finos, tampoco están mal del todo. Hay alguna breve pieza independiente, pero se halla pintada del mismo gris marengo claro que la carrocería, por lo que destacan más bien poco. Luces traseras moldeadas pero pintadas, y algún que otro adhesivo para el logo de Alfa, el modelo y las marcas, y ya estaría. En el interior hay dos banquetas corridas, una delante al lado del chófer, y otra transversal en el interior de la caja. Todo es en marrón y además, como es un furgón cerrado sin ventanas laterales, casi ni se ven. Me extraña que este vehículo no tuviera doble rueda atrás, a pesar de que como ya se ha comentado, su capacidad de carga fuera escasa.







 

Me gusta este tipo de vehículos, feos, fuertes y funcionales; casi me llaman más que los deportivos, y más aún si son de Alfa Romeo, que tuvo tanta tradición en competición como falta de reconocimiento en sus camiones , autobuses y furgonetas.


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LANCIA JOLLY ‘MAGNETI MARELLI’ (1962) de Starline

 

Lanzada al mercado en 1959 con un motor de 4 cilindros en V de 1.090 cm3 y solo 36,5 HP, era una derivación comercial del Appia MkIII, heredando su mismo motor, solo que se le acopló 5 velocidades. Pero después de menos de 3.000 unidades vendidas, fue descontinuada rápidamente en 1963, y sustituida por la SuperJolly, algo más grande, más potente (1.500 cm3) y derivada del Flavia, pero que tampoco tuvo mejor suerte que su hermana pequeña. La Jolly, como indica su nombre en 'ítalo-americano' era un comodín que podía hacer de microbús, de pickup, ambulancia o furgoneta, y que con más de media tonelada de carga útil y la máxima cuadratura que le pudieron dar dentro de sus 4,60 metros de largo por 1,81 m. de ancho, llegaba a pesar en vacío 1.500 kg. Por tanto, tenemos en total más de dos toneladas para un motor de tan poco brío, por lo que esos 93 km/h de velocidad máxima que indicaba su publicidad, probablemente serían bastantes menos.




 

Starline aprovechó en varias ocasiones este molde, por lo que también podemos encontrar esta simpática furgoneta con la publicidad de Campari, del propio Servicio Mecánico de Lancia, de helados Alemagna o de asistencia B-Ticino. En cuanto a ésta de Magneti Marelli, famosa empresa de repuestos, su pintura en un llamativo bitono amarillo-azul está muy bien aplicada, porque puede apreciarse como en las dobles lamas cromadas que circundan esta furgoneta por su cintura no se cruzan los dos colores en ningún momento, y además se perciben sin problemas las franquicias de puertas, plegados y paneles. Las manetas de las puertas y los portones están bien pintadas, pudiéndose apreciar su forma y su función. Limpias y retros finos, y parachoques perfectamente cromados. Además, de postre, tenemos esas ruedas con los tapacubos cromados y su correspondiente logo de Lancia bien legible. El tubo de escape ahuecado y todo. Se nota que este tipo de miniaturas están hechas con mimo y detalle. En su día se salían un poco del precio habitual de quiosco, y hoy en día cuesta encontrarlas porque Starline no ha tenido la adecuada promoción fuera de Italia, pero siempre me ha parecido que fue una marca poco valorada, cuando en realidad muchas de sus creaciones no tienen nada que envidiar a lo que hizo Minichamps en su época. Tengo otras miniaturas de esta marca, y salvo alguna excepción, siempre son de notable.






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FIAT 238 FURGONE (1967-1983)


Por último la Fiat 238, y por partida doble, como los donuts. Una más discretita y la otra más publicitaria, más llamativa. Aparecida en 1967, y sucesora de los 1100T, esta pequeña furgoneta fue dotada de una zona de carga para 1.000 Kg. montando un motor transversal de gasolina bajo el asiento, tracción delantera. Y así como el 124 fue el sucesor del 1100, en poco tiempo se le acopló el mismo motor del FIAT 124, de 4 cilindros y 1.221 cm3 que daba unos 43 CV, por lo que su velocidad máxima apenas sí pasaba de los 100 Km/h. En ruta fuera de ciudad y en condiciones normales de uso, se supone que su velocidad de crucero se quedaría en unos 80 Km/h. A pesar del estreno en 1974 del 242, debido a las buenas ventas que siguió teniendo nuestra protagonista, no fue descontinuada hasta 1983, con la aparición de la Ducato, su auténtica sucesora temporal. Con motivo de esa prórroga, desde 1975 la 238 llegó a tener el motor de 1.438 cm3 del FIAT 124 Special, aunque la potencia seguía siendo baja para este vehículo, quedándose en 46,5 CV.


 

Con una vida comercial tan prolongada no es de extrañar que hayan existido multitud de versiones con los más variados desempeños: ambulancia, pickup, microbús, furgón policial, incluso camper, siendo muy valoradas y cotizadas las de Westfalia. Y lo más importante, la cantidad de todas ellas que fueron vendidas: más de medio millón de unidades si contamos la producción destinada a la exportación. En España esta furgoneta no tuvo cabida, pocas se vieron, porque FIAT ya tenía metido el pie en nuestra puerta con las licencias que otorgaba a SEAT, por lo que desde Italia debieron considerar que era más que suficiente con éso, y por que aquí de furgonetas ya estábamos servidos. Sin una sola base establecida aquí, no tenía sentido rivalizar con quien ya dominaba el mercado.







 

Las miniaturas que ahora se muestran corresponden al grupo IXO, y son de aquella época altayera en que habían más colecciones que quioscos, en los que casi siempre había entre tres o cinco de ellas en curso. Pero éstas son de fuera, francesa una (la de Gelati Alemagna) de sus Queridas Camionnettes de Antaño, e italiana la otra (de Veicoli Pubblicitari d’Epoca). La ‘gelateria’ fue una histórica empresa alimentaria allá en el país transalpino, fundada en Milan en 1921, y que tras varias vicisitudes comerciales desapareció definitivamente en 2016. En 2023 reapareció en el catering del aeropuerto de Milan, aunque revivida solo de nombre, no como producto. Plasmon, por su parte, ya se dice en la propia furgoneta que fue fundada en 1901. De patente inglesa, siempre estuvo orientada a la nutrición infantil y su producto más conocido fue su leche en polvo. Pronto en 1963 fue vampirizada por la empresa norteamericana de turno, Kraft-Heinz, y su nombre desapareció entre otros mil productos de alimentación.







 

Siempre remarco lo de ‘coleccionismo extranjero’ porque en la mayoría de casos las miniaturas de quiosco de Francia, Alemania e Italia considero que están mejor terminadas y bien vestidas. Claro que habrá excepciones y casos particulares, en todas partes cuecen habas, pero en general y por tradición, suele ser así. Tengo un poco de todas partes, con suficiente material para comparar y la verdad es que es una auténtica lástima, porque en mis vitrinas hay bonitas miniaturas foráneas pero con marcas y empresas que no he conocido en mi vida, y en cambio, las que sí son realmente autóctonas o han circulado por España, muchas de ellas están muy justitas de calidad. Me temo que algunos moldes españoles largamente esperados se van a quedar así para siempre: con pinchos en las luces, retrovisores y limpias demasiado gruesos y luces pintadas en la carrocería. Estamos hablando siempre en el ámbito de las colecciones de quiosco, claro. Como ejemplo de lo que estoy diciendo, esta heladera, con su simpático Eskibon,  tiene sus luces como piezas independientes, está bien pintado, y sus adminículos, aunque no sean fotograbados, son más finos y realistas que los que tradicionalmente nos están endosando en las colecciones españolas. Y ojo, que de esta colección hace más de diez años. Más de lo mismo puede decirse de la Plasmon, a la que el único trazo grueso que se le puede achacar son esos paneles en forma de disco, que resultan excesivamente gruesos. Hay alguna rebaba por ahí suelta, algún exceso de pintura, pero teniendo en cuenta que estas miniaturas se pueden conseguir por entre 5 y 10 euros, te dan más de lo que cuestan, siempre que te interese el sector del vehículo industrial o comercial.



 

Todas estas furgonetas y otras muchas más pueden verse constantemente a lo largo del metraje de la película ‘Il boom’ (en España ‘El Especulador’), comedia italiana de los sesenta protagonizada por el inefable Alberto Sordi. Con tal de mantener a toda costa el altísimo tren de vida de su esposa, a la que adora, el personaje interpretado por Sordi acaba firmando un contrato por el que un grupo de ricachones le proporciona al enamorado marido todo el dinero que precise a cambio de donar un órgano vital al primero de los multimillonarios que lo requiera. Sale cruz, y será su ojo izquierdo el que deberá sacrificar. En la última escena final, cuando capturan al cómico, que ha estado ‘eludiendo’ sus obligaciones durante media película, entre varios de ellos le fuerzan a entrar en el hospital para ingresar directamente a cirugía. La cámara pasa entonces a un plano general del exterior de la clínica, momento en el que todos los vehículos vistos a lo largo de la película se unen en una única caravana publicitaria compuesta de docenas de furgonetas y otra serie de vehículos comerciales que anuncian los más variados, a veces triviales, productos. Circulando al ralentí delante de nuestros ojos, dicha caravana parece una alegoría del ‘todo se vende, todo está en venta, y todos nos vendemos.’  Estoy seguro que la editorial que publicó la colección ‘Veicoli Pubblicitari d’ Epoca’ tomó nota de la mayoría de esos modelos, porque incluso clavaron las marcas comerciales que en dicha escena aparecen. Si te gusta reír y pensar a la vez, esta película es de las tuyas.