Sábado por la mañana en la capital, de compras. Para
entretenerme mientras espero a la jefa que está en sus cosas, entro en un
concesionario Renault. Solo por distraerme. Hace tiempo que quiero cambiarme el
coche, aunque tampoco es algo urgente. El que tengo ahora mismo, aún con sus
años, tira bien. Así que voy echando un vistazo para pasar el rato, hasta que
detrás de mí suena el inevitable ¿puedo ayudarle en algo? Bueno, pues la verdad
es que sí, no tengo intención de comprarme un coche ahora mismo pero me
gustaría informarme de los precios…
...respondo dubitativamente, pensando en que me van a liar y luego habrá
bronca con la jefa. Pero no pasa nada. La cosa ha sido rápida. Más que los
precios, lo que no interesa para nada hasta el punto de la indignación es lo
que viene con el coche: la financiación, el mantenimiento, el seguro, y otra
serie de ganchos y anzuelos que como no andes con ojo, seguramente constituyan
un problema. Luego se preguntan que porqué bajan las ventas de coches y porqué
tenemos el parque móvil más envejecido de occidente.
“Si solo quiero un maldito coche, así que coge mi dinero y
cierra la boca” pienso para mí. En fin, le corto educadamente el ‘rollo’ al
vendedor levantándome de su mesa llena de prospectos y trípticos a la vez que
le extiendo la mano despidiéndome, pero cuando me disponía a salir recorriendo
el camino a la inversa, de repente veo en una esquina, en una pequeña y única vitrina,
diversos modelos expuestos. No los había visto al entrar. Escala 1/43 y casi
todos Renault, salvo algún Dacia. No hay mucho que ver, pero me acerco y
compruebo que la mayoría son todos actuales, salvo un Cinquillo y un R16. ¿Le
interesa alguno? Me espeta otro vendedor que merodeaba por allí. ¿Están a la
venta? pregunto. Me informa que al principio no, que eran obsequios para los
clientes; pero que si me interesa alguno, están a quince euros la unidad. ¿Y solo
tienen éstos, es que me interesan más los clásicos? Allá voy yo con mi
monotema. Pues sí, nos queda algunos más en el almacén, voy a traérselos,
aunque no muchos porque ya casi no hay stock, me responde. Al cabo de un rato
vuelve arrastrando una caja donde podría caber perfectamente una lavadora. Ya
en su mesa me los va mostrando, casi todos moldes ya aparecidos en colecciones
de quiosco. Pero el tiempo apremia, así que me quedo con dos de los primeros
que me hacen tilín, para no marear mucho la perdiz. Pago, salgo escopeteado con
mi bolsita hacia el punto de reencuentro, y ya me está esperando la jefa, brazos
en jarra y gesto torcido. Si es que me lío yo solito…
Las miniaturas son de calidad quiosquera, una cosa
intermedia entre los moldes del anterior siglo, y los del presente. No son gran
cosa, por eso están a ese precio tan asequible, aunque tienen algunos
detallitos. Eso sí, tienen algo que yo antes no tenía: dos moldes inéditos para
mí. Ya tenía la Espace I y la III, de Universal Hobbies, que están muy bien,
pero me faltaba un representante de esta segunda generación. Y en cuanto al R19
de 5 puertas, parece mentira, pero es un modelo muy poco presente en el
mundillo del diecast, con la gran cantidad de ellos que se vieron por las
calles…

















