
Autobús de la línea hospitalense, empresa Oliveras.
No, no hay motivos para asustarse, porque no se trata de una
recopilación de medio siglo de autobuses, sino de una simple comparativa del
transporte de viajeros entre un modelo que apenas había salido de los pañales
de la automoción, y otro que en plena década de los setenta, se podía afirmar
que era avanzado y moderno, digno incluso de los estándares actuales. Del
primero no puedo dar fe directa (vamos, ni mi abuelo), pero del segundo sí
puedo. Porque el que haya sido un excursionista escolar en los setenta (incluso
en los ochenta) seguro que pegó saltos en sus mullidos butacones. Algunos además,
y ya en época bachiller, debíamos recorrer diariamente el trayecto desde el
pueblo hasta la capital de comarca de turno para seguir estudiando en algún
colegio de curas o similar, a ver si nos desasnábamos y desertábamos del arado.
Pero eso ya es otra historia.

Cochera de la Oliveras, en 1930. Puede verse a los Minervas,
sustitutos de los Schneider, quizás aún en servicio.
Chófer y cobrador, con severo uniforme abotonado y gorra de plato. 
Vista trasera del bonito y artesanal carrozado.
Aunque pueda parecer difícil o increíble, el Schneider sí
estuvo presente en España, aunque una década después como mínimo que en su país
de procedencia. Cuando los parisinos y los lioneses se hartaron de arreglar los
adoquines de sus calles que esta mole de hierro iba destrozando a su paso, se
los vendieron a las incipientes líneas de autobuses que surgían en las
principales capitales españolas, todavía polvorientas o con un firme, digamos,
poco estable. Con una densidad de población mucho menor que en Francia, en
España estos aparatos a menudo daban servicio interurbano, entre poblaciones
muy próximas entre sí, para hacer el máximo posible de quilómetros, y amortizar
la inversión.

Nº 107 de la colección de Hachette, Autobuses y Autocares del Mundo.
Puede apreciarse en sus ruedas: llantas artilleras de hierro
fundido y neumáticos macizos. Además de incómodo para sus pasajeros, debía ser
muy agresivo para aquellas calles y aquellos caminos, desgastando el firme y
causando roderas. ¿Y qué me decís del
puesto de conducción? Aunque hubiera un breve parabrisas de por medio, el
‘chauffeur’ estaba más expuesto al frío y a las inclemencias climáticas que los
propios pasajeros. ¿Y esa balconada trasera? Un remanente ferroviario para no
ser embestidos directamente por detrás, o la voluntad de darle un carácter más
turístico. El caso es que más adelante se procuró a estas bestias con unas
ruedas de llanta de disco con neumáticos inflables. Aún así era impensable
superar los 25 km/h., por lo que, obsoletos y avejentados, en España estos
antediluvianos vehículos fueron retirados de la circulación al entrar en los locos
años treinta.
%20(1965%E2%80%931976).jpeg)
El O-302 debidamente reconvertido a autobús turístico.
Y nos vamos al otro extremo sociológico, es decir, cuando
las ciudades en España estaban en plena expansión demográfica, pero a su vez el
interior estaba implosionando por la despoblación. En esa España vacía que hoy
recién han descubierto tanto los urbanitas como los propios ruralitas, ya en
aquella época de la mal llamada Transición muchos pueblos estaban más que
sentenciados. Algunos se han enterado ahora, cincuenta años más tarde, y además
lo llaman ‘vaciada’, como si fuera solo un problema externo. Perdonen ustedes,
pero los culpables no solo son de Madrid, también los tenemos en cada pueblo, y
no escasean, precisamente.
.jpeg)
Versión civil, o mejor dicho original, sin grandes ventanales panorámicos.
Bueno, el caso es que además de recurrir a las famosas
concentraciones parcelarias, también hubo que tirar de concentración de
recursos humanos. En las capitales y en los pueblos de provincias, se
utilizaron a menudo autocares y autobuses de segunda mano provenientes de otros
países, y de marcas de reconocida calidad como Mercedes-Benz, para cubrir los
inacabables servicios que alternaban entre las citadas excursiones, y el propio
servicio a la población general. Había que acercar la capital a los lugareños;
y los estudiantes a lugares de interés turístico o lúdico. Y claro, supongo que
también habría que dejar alemanes, ingleses y otras especies de turistas en las
poblaciones costeras desde algún que otro aeropuerto. Así que la gente
envidiaba al que tenía un ‘mercedacos’ de importación, pero no encontraba nada
raro que un autocar de esa misma marca le llegara hasta la capital, de compras
al Simago.

Éste fue el nº 25 de la citada colección, compuesta de 120 fascículos.
![]() |
| El subíndice 10 tras el O-302 se refiere al número de asientos. |
Disculpad la acritud de esta entradilla, pero siempre me ha
parecido una actitud aborrecible de estos mis paisanos envidiosos que
criticaban al que podía disfrutar de un cochazo de importación, sobre todo si se
había matado a trabajar en Alemania, por ejemplo; pero luego nadie se preguntaba cómo coño la
Diputación otorgaba licencias de líneas de transporte a empresas que disponían
de Mercedes, Man, AEC, y otras marcas cuya importación estaba, a priori,
prohibida, o gravada con unos terribles impuestos que las hacían inaccesibles
para la mayoría. Y es que si de divisas extranjeras se trataba, ahí el régimen
no hacía ascos, ni tampoco los que vinieron después. Todo eran facilidades: ahí
no importaban las importaciones, ni las restricciones, ni los requisitos del
cien por cien español, ni otras zarandajas por el estilo. Ahí sí se estaba
abierto a todo. Sobre todo a poner la mano.

Los interiores de esta colección francesa no eran precisamente los mejores.
Pero al menos nuestros vecinos tuvieron una colección sobre este tema.
Bueno, aquellos merches, aunque un poco trillados, se
disfrutaban de lo lindo. Los había de 40 plazas y también los hubo con una
distancia entre ejes algo más amplia, para incluir más filas de asientos. Para
muchos de nosotros, en su día supuso lo más cómodo que había para nuestros culos.
¿Fue tu caso también?
Hasta la próxima.













