jueves, 20 de agosto de 2026

FAMILIARES III


 

Ford Escort Estate de 1998.


Ford Sierra XR 4x4 Turnier de 1986.


 

FORD ESCORT MkVI CLX (1996) 

y

FORD SIERRA GHIA RURAL (1988), ambos de IXO

 

Aunque el Escort tuvo una sexta generación, puede decirse que en Europa prácticamente la quinta fue la última hornada, puesto que los planes de Ford pasaban por descontinuar este modelo de una vez por todas en el Viejo Continente. Salvo una producción residual en las antiguas fábricas de Saarlouis -Alemania- y Halewood -Inglaterra-, en 1998 el resto de factorías europeas dejaron definitivamente atrás este modelo, para dar paso al Ford Focus, por lo que esta sexta y última generación del mítico Escort en sus últimos años, quedaría en exclusiva para las instalaciones que Ford poseía en Argentina, Bielorrusia, India y Turquía.


Ford Escort Estate de 1998.



Ford Escort Estate de 1998.

 

Apareció, pues, en 1995, mucho más redondeado en sus formas que sus predecesores, buscando similitudes estéticas con sus hermanos mayores, como la segunda generación del Scorpio.  Ello redundó en un frontal, en unas rejillas y en unos faros reiteradamente ovalados. Como siempre, tendríamos sí o sí las versiones de 3 y 5 puertas, familiar, berlina, comercial y descapotable, y los acabados LX y CLX (en algunos países Encore), y por supuesto, la más lujosa Ghia. Pero este Escort de sexta generación solo fue dotado con un par de motorizaciones para gasolina, el clásico Zetec de 1.6 y 1.8 de 90 y 115 CV, y otras dos más de gasóleo con el 1.8 D y el 1.8 TD de 60 y 90 CV respectivamente. Con esta escasez de motorizaciones, se notaba que Ford estaba por otras labores, y una de ellas era no proseguir con este mítico vehículo, presente en el norte de Europa desde mediados de los cincuenta, y desde finales de los sesenta en el resto del mundo. En este siglo, solamente la saga continuaría un poco más allá en China, con una estética ciertamente parecida a la segunda generación del Focus, solo que con ínfulas de berlina. También hubo algunas ediciones especiales como la cupé o la ranchera más o menos acertadas en los propios USA y otros países del ámbito angloparlante, pero para un español puede decirse que el Escort murió por culpa de la raja de una falda y tener un piñazo con un Seat Panda, allá por el cambio de siglo.

 

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En el caso del Sierra en esta su primera generación, cabe decir que el desarrollo de esta versión familiar se centró en las versiones Turnier y Estate, en otros países también llamada Nomade o Break, al igual que para el caso del Escort. La primera digamos solía llevar los acabados más sencillos (L y GL) así como las motorizaciones menos prestacionales, y la Estate casi siempre se trataba de un 2.8 Ghia 4x4 de inyección, buscando ‘pescar’ clientes entre el público más acomodado con ganas de aventuras de fin de semana. También la Turnier estuvo disponible con equipamiento Ghia, aunque sin tracción a las cuatro ruedas, y también hubo Estates con menos motor y tracción solamente delantera.  Aunque desde luego, la versión que más éxito tuvo el Sierra, o al menos la que más imagen de marca proporcionó a Ford, fue la estéticamente belleza apodada Cosworth. Un ‘pepino’ de coche cuyas prestaciones, terminación y comportamiento son tan distintos del que proporcionaron el resto de Sierras, que en verdad podemos decir que se trató de un vehículo aparte, prácticamente de competición, y que bien merece sin duda una entradilla aparte. Otro charco en el que meterse.


Ford Sierra Ghia Estate (1982-1988).

 

De forma genérica, el Sierra MkI estuvo en producción más o menos desde 1982 hasta 1988 en las factorías que Ford tenía en Bélgica, Reino Unido, Alemania, Nueva Zelanda, Argentina, Venezuela y Sudáfrica. Dispuso de carrocerías de tipo berlina, hatchback, familiar y cupé, y sus motorizaciones fueron de lo más variado. Desde los 60 CV que daban los motores de gasolina 1.3, hasta los 2.0 de inyección con sus 125 CV. Éso para las versiones amables, como también la única motorización diésel que tuvo, de 2.3 litros y que erogaba 67 CV. Pero si nos vamos a las versiones cupé XR4, con sus 2.8i V6 teníamos ya unos 150 CV. Y si definitivamente perdías el Norte, y adquirías un Cosworth que llevara las siglas RS con el número 500 detrás, accedías al motor de 2.000 cm3 y 16 válvulas que te daba para toda una recua de 224 caballos.


Ford Sierra 4x4 Ghia Turnier (1982-1987).

 

Supongo que no es necesario aclarar que en la Argentina una ‘rural’ o ‘ranchera’ es lo que en España llamamos ‘coche familiar’. O bien ‘break’, o bien ‘station wagon’, cuando nos rendimos lingüísticamente ante la pérfida Albión. Allí, la producción del Sierra en esta primera generación comenzó en 1984 y se extendió hasta 1993, aunque solo dispuso de motorizaciones en gasolina de 1.6 y 2.3 litros cuyas potencias oscilaban entre los 75 y los 114 CV, tres carrocerías (hatchback, berlina, y familiar), y tres grupos de acabados: GL y L para los más básicos, Ghia para los más exigentes y unas intermedias denominadas LX, SX y GXL. Dicho ésto, la versión familiar que reproduce esta miniatura se distribuyó casi exclusivamente en Sudamérica, con fábrica central en Pacheco, Argentina, y fue una especie de híbrido entre una Rural argentina y un Cosworth inglés, mezclando elementos y prestaciones entre sí, como ese frontal deportivo con un motor de 2.3 litros sin inyección que probablemente daba 114 CV, y unos acabados Ghia de alto copete, no muy acordes con el carácter campero que se le supone a este tipo de vehículos.

 

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En esta ocasión vamos a comentar ambas miniaturas de manera simultánea, puesto que ambas son versiones argentinas, provienen de la misma colección y sus características son muy similares entre sí, por lo que aquello que se diga de una, puede aplicarse perfectamente a la otra. Como siempre, estamos tratando con miniaturas de quiosco, producidas de forma masiva a nivel continental, lejos de lo artesano, y con unas editoriales con poca predisposición al detalle. Es decir, poco propensas a gastarse los cuartos en hacerlo mejor.








 

Sin embargo, en el caso de estos dos números, 48 y 24 de la colección Autos Inolvidable Argentinos -Años 80 y 90- cabe decir que estoy bastante satisfecho ya que están aceptablemente reproducidas, son baratas, y son relativamente fáciles de conseguir. El molde es bueno, la pintura está más o menos bien aplicada, y aquellos elementos adicionales, los que visten a una miniatura, son de un tamaño y un grosor razonables. Quizás las ruedas pequen de un diámetro levemente mayor de lo deseable, y sus tapacubos son poco comunes, aunque verosímiles. Los interiores, como siempre, vienen en un negro negrísimo, lo que da poca alegría a la vista. Pero en general, puede afirmarse que ambas merecen estar en la vitrina de todo aquel coleccionista que desee más variedad en detrimento de la calidad.