Ford Sierra XR 4x4 Turnier de 1986..jpeg)
FORD ESCORT MkVI CLX (1996)
y
FORD SIERRA GHIA RURAL (1988), ambos de IXO
Aunque el Escort tuvo una sexta
generación, puede decirse que en Europa prácticamente la quinta fue la última
hornada, puesto que los planes de Ford pasaban por descontinuar este modelo de
una vez por todas en el Viejo Continente. Salvo una producción residual en las
antiguas fábricas de Saarlouis -Alemania- y Halewood -Inglaterra-, en 1998 el
resto de factorías europeas dejaron definitivamente atrás este modelo, para dar
paso al Ford Focus, por lo que esta sexta y última generación del mítico Escort
en sus últimos años, quedaría en exclusiva para las instalaciones que Ford
poseía en Argentina, Bielorrusia, India y Turquía.
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Ford Escort Estate de 1998. |
Apareció, pues, en 1995, mucho
más redondeado en sus formas que sus predecesores, buscando similitudes estéticas
con sus hermanos mayores, como la segunda generación del Scorpio.
Ello redundó en un frontal, en unas
rejillas y en unos faros reiteradamente ovalados. Como siempre, tendríamos sí o
sí las versiones de 3 y 5 puertas, familiar, berlina, comercial y descapotable,
y los acabados LX y CLX (en algunos países Encore), y por supuesto, la más
lujosa Ghia. Pero este Escort de sexta generación solo fue dotado con un par de
motorizaciones para gasolina, el clásico Zetec de 1.6 y 1.8 de 90 y 115 CV, y otras
dos más de gasóleo con el 1.8 D y el 1.8 TD de 60 y 90 CV respectivamente. Con
esta escasez de motorizaciones, se notaba que Ford estaba por otras labores, y
una de ellas era no proseguir con este mítico vehículo, presente en el norte de
Europa desde mediados de los cincuenta, y desde finales de los sesenta en el
resto del mundo. En este siglo, solamente la saga continuaría un poco más allá
en China, con una estética ciertamente parecida a la segunda generación del
Focus, solo que con ínfulas de berlina. También hubo algunas ediciones
especiales como la cupé o la ranchera más o menos acertadas en los propios USA
y otros países del ámbito angloparlante, pero para un español puede decirse que
el Escort murió por culpa de la raja de una falda y tener un piñazo con un Seat
Panda, allá por el cambio de siglo.
* * * * *
En el caso del Sierra en esta su primera
generación, cabe decir que el desarrollo de esta versión familiar se centró en
las versiones Turnier y Estate, en otros países también llamada Nomade o Break,
al igual que para el caso del Escort. La primera digamos solía llevar los
acabados más sencillos (L y GL) así como las motorizaciones menos
prestacionales, y la Estate casi siempre se trataba de un 2.8 Ghia 4x4 de
inyección, buscando ‘pescar’ clientes entre el público más acomodado con ganas
de aventuras de fin de semana. También la Turnier estuvo disponible con
equipamiento Ghia, aunque sin tracción a las cuatro ruedas, y también hubo
Estates con menos motor y tracción solamente delantera. Aunque desde luego, la versión que más éxito
tuvo el Sierra, o al menos la que más imagen de marca proporcionó a Ford, fue
la estéticamente belleza apodada Cosworth. Un ‘pepino’ de coche cuyas
prestaciones, terminación y comportamiento son tan distintos del que
proporcionaron el resto de Sierras, que en verdad podemos decir que se trató de
un vehículo aparte, prácticamente de competición, y que bien merece sin duda
una entradilla aparte. Otro charco en el que meterse.
Ford Sierra Ghia Estate (1982-1988)..jpeg)
De forma genérica, el Sierra MkI
estuvo en producción más o menos desde 1982 hasta 1988 en las factorías que
Ford tenía en Bélgica, Reino Unido, Alemania, Nueva Zelanda, Argentina,
Venezuela y Sudáfrica. Dispuso de carrocerías de tipo berlina, hatchback,
familiar y cupé, y sus motorizaciones fueron de lo más variado. Desde los 60 CV
que daban los motores de gasolina 1.3, hasta los 2.0 de inyección con sus 125
CV. Éso para las versiones amables, como también la única motorización diésel
que tuvo, de 2.3 litros y que erogaba 67 CV. Pero si nos vamos a las versiones
cupé XR4, con sus 2.8i V6 teníamos ya unos 150 CV. Y si definitivamente perdías
el Norte, y adquirías un Cosworth que llevara las siglas RS con el número 500
detrás, accedías al motor de 2.000 cm3 y 16 válvulas que te daba
para toda una recua de 224 caballos.
Ford Sierra 4x4 Ghia Turnier (1982-1987)..jpeg)
Supongo que no es necesario
aclarar que en la Argentina una ‘rural’ o ‘ranchera’ es lo que en España
llamamos ‘coche familiar’. O bien ‘break’, o bien ‘station wagon’, cuando nos
rendimos lingüísticamente ante la pérfida Albión. Allí, la producción del
Sierra en esta primera generación comenzó en 1984 y se extendió hasta 1993, aunque
solo dispuso de motorizaciones en gasolina de 1.6 y 2.3 litros cuyas potencias
oscilaban entre los 75 y los 114 CV, tres carrocerías (hatchback, berlina, y
familiar), y tres grupos de acabados: GL y L para los más básicos, Ghia para
los más exigentes y unas intermedias denominadas LX, SX y GXL. Dicho ésto, la
versión familiar que reproduce esta miniatura se distribuyó casi exclusivamente
en Sudamérica, con fábrica central en Pacheco, Argentina, y fue una especie de
híbrido entre una Rural argentina y un Cosworth inglés, mezclando elementos y
prestaciones entre sí, como ese frontal deportivo con un motor de 2.3 litros
sin inyección que probablemente daba 114 CV, y unos acabados Ghia de alto
copete, no muy acordes con el carácter campero que se le supone a este tipo de
vehículos.
* * * * *
En esta ocasión vamos a comentar
ambas miniaturas de manera simultánea, puesto que ambas son versiones
argentinas, provienen de la misma colección y sus características son muy
similares entre sí, por lo que aquello que se diga de una, puede aplicarse
perfectamente a la otra. Como siempre, estamos tratando con miniaturas de
quiosco, producidas de forma masiva a nivel continental, lejos de lo artesano,
y con unas editoriales con poca predisposición al detalle. Es decir, poco
propensas a gastarse los cuartos en hacerlo mejor.
Sin embargo, en el caso de estos
dos números, 48 y 24 de la colección Autos Inolvidable Argentinos -Años 80 y
90- cabe decir que estoy bastante satisfecho ya que están aceptablemente
reproducidas, son baratas, y son relativamente fáciles de conseguir. El molde
es bueno, la pintura está más o menos bien aplicada, y aquellos elementos
adicionales, los que visten a una miniatura, son de un tamaño y un grosor
razonables. Quizás las ruedas pequen de un diámetro levemente mayor de lo
deseable, y sus tapacubos son poco comunes, aunque verosímiles. Los interiores,
como siempre, vienen en un negro negrísimo, lo que da poca alegría a la vista. Pero
en general, puede afirmarse que ambas merecen estar en la vitrina de todo aquel
coleccionista que desee más variedad en detrimento de la calidad.









