MERCEDES-BENZ
450 SLC 5.0 ‘presentación temporada 1979’ de Minichamps
En
1979 aún se disputaba el Rallye Safari por las duras y agrestes tierras
africanas, una prueba donde se ponía al límite tanto a pilotos como sus autos. Mercedes
decidió participar y en lugar de comenzar de cero mediante un nuevo diseño o bien
optar por algún modelo pequeño de los de su amplia gama, contraviniendo en apariencia
el sentido común, se fijó en los largos coupés descapotables de lujo de su clase
SL (código interno R107). Dentro de ella se hallaban los SLC, de techo rígido y
distancia entre ejes más alargada. Para esta subserie su modelo intermedio 350
SLC ya existía desde 1971 con un motor en V8 de 200 CV, pero sería a partir de
1974 cuando la cosa comenzó a ponerse seria. Al hermano ‘pequeño’ 280 SLC se le
montó un V6 y para el propio 450 SLC se le instalaría otro V8 de 225 CV. Todos
ellos estaban disponibles tanto con cambio automático como manual, salvo el 450
SLC que solo podía ser de manejo automático. Tras unas buenas ventas de los
anteriores modelos es entonces que comienza la homologación del tope de gama 450
SLC 5.0 con vistas al Mundial (código interno C107). Con el pensamiento de
que en los rallyes sobre tierra de larga distancia la velocidad no era tan importante
como la resistencia, en Mercedes razonaron que un motor de grandes dimensiones en
un coche grande aunque fuera más pesado no estaría tan forzado y no sería tan propenso
a las averías como otros bólidos, ligeros pero con motores de menor recorrido.
En
su preparación para el Mundial hubo que rediseñar buena parte del vehículo, que
de serie pesaba ya sus buenos 1.635 kg. Como es lógico las suspensiones se
elevaron con muelles más rígidos y amortiguadores hechos con materiales más
resistentes, para intentar absorber los baches más profundos sin perder la
trayectoria. Todos los paneles metálicos de la carrocería se sustituyeron en la
medida de lo posible por fibra de vidrio, y cuando no fue posible, en pos de la
rigidez perdida, se recurrió a planchas de acero más fino y a arneses. Pensando
en las horas nocturnas se reforzó el frontal para soportar el apartabúfalos y
los juegos de faros adicionales. En el puesto de conducción, la imprescindible
jaula antivuelco del acero más ligero posible. Y sobre todo, el motor. Un 5.0 V8
con 240 CV hecho totalmente de aluminio, y dirigido por una caja de cambios automática
de tres marchas, buscando el mínimo desgaste y la máxima simplicidad en su manejo.
Los
buenos resultados no se hicieron esperar. En la Vuelta a América (de 3.000 km.)
los 450 SLC 5.0 coparon las cinco primeras posiciones. En el Rallye Costa de Marfil
fueron las cuatro primeras. Pilotos míticos como Hannu Mikkola y Björn
Waldegard, primero y tercero en el Costa de Marfil, y sobre todo el segundo
puesto de Mikkola en el Rallye Safari de 1979 y tercero en la edición de 1980
con el 500 SLC 5.0, el más duro de todos, demostraron que Mercedes-Benz no se
equivocó en su elección a la hora de competir contra coches ligeros de concepto
más tradicional. Aunque el 450 SLC en su versión comercial se vendió poco,
apenas se acercó a las 3.000 unidades entregadas, se sabe de la existencia de
19 unidades fabricadas homologables para el Mundial, aunque solo siete de ellas
recibirían la denominación oficial de Mercedes-Benz 450 SLC 5.0. Ni que decir
tiene que las unidades que fueron utilizadas en esas pruebas están
cotizadísimas en las casas de subastas, no siendo extraño que superen el millón
de euros a la hora de su adjudicación.
* * * * *
Lo
siento por los aficionados ‘pegatineros’ pero este 450 SLC 5.0 es la versión de
la presentación del inicio de la temporada de competición. En otras palabras, viene
desprovisto de todos los adornos externos que diferenciarían a un coche de
rallye de otro fabricado en serie para su homologación, salvo ciertos detalles,
claro. De hecho viene sin el retrovisor del piloto, matrículas, adhesivos que
indiquen en qué prueba podía estar en ese momento o la antena de transmisiones
sin ir más lejos.
Sí
en cambio trae instaladas las correas de refuerzo del maletero y el
imprescindible foco orientable del copiloto. También viene con los parachoques supletorios,
rejillas protectoras frontales, fundas de los faros auxiliares, espóiler y las preceptivas
ruedas de competición. Cabe destacar su interior, muy completo, al haber
incluido la jaula de los pilotos, ruedas y baúles de repuestos y herramientas,
bidones, cinturones de seguridad etc…
En cuanto a la calidad intrínseca de la miniatura puede decirse que no es de lo mejor de Minichamps. Hasta el punto de que considero que el habitáculo interior está mejor reproducido que lo que tenemos a simple vista. Por fuera hay omisiones importantes como los aletines de los guardabarros, grises y pequeños, y que sin embargo deberían ser algo más sobresalientes, para dar cabida a los faldones traseros pintados de negro mate, a juego con el capó, y que tampoco están presentes. La pintura levemente plateada no acaba de convencer y apenas permite distinguir los cromados y los logotipos y emblemas repartidos por la carrocería. También es imperdonable que estando el interior tan detallado, las manetas de las puertas no sean piezas independientes, porque apenas sobresalen de esa pintura plateada con la que los señores de Minichamps han embadurnado la carrocería.
Por su parte existen otras tres o cuatro reproducciones de coches campeones que sí corrieron en los rallyes antes mencionados. Lamentablemente adolecen de las mismas omisiones y faltas antes comentadas, a pesar del buen quehacer con sus adhesivos y la rotulación en general. Siendo objetivos solamente el bajo precio de adquisición de esta miniatura por mi parte justifica su tenencia, una reproducción de la que muchos consideran el mejor coche de rallye que ha tenido Mercedes-Benz.













