
Hace ya más de dos meses que se decretó el estado de alarma, con motivo de la sobrevenida de esta pandemia, que tiene a la mayoría de la población entre acojonada, asqueada y cabreada, aunque no por los posibles efectos del virus en la salud, la cual parece importar menos que el pedo de un violinista. Sino por los efectos que provocará en nuestros bolsillos, cuando la economía eche el freno de verdad, y meta marcha atrás derrapando.
De momento, asusta ver por televisión las borregadas de gente que ya circulan por calles, paseos marítimos, montes y carreteras, a pesar de la prohibición expresa de transitar precisamente de esa manera: en manadas y sin bozal. Y es que somos así, basta con una nueva ley, para que inmediatamente todos compitamos en saltárnosla, como si de batir una plusmarca se tratara.
De momento, asusta ver por televisión las borregadas de gente que ya circulan por calles, paseos marítimos, montes y carreteras, a pesar de la prohibición expresa de transitar precisamente de esa manera: en manadas y sin bozal. Y es que somos así, basta con una nueva ley, para que inmediatamente todos compitamos en saltárnosla, como si de batir una plusmarca se tratara.



Y es que este año, el garrapatillo ha llegado con antelación. El garrapatillo es un insecto que a comienzos del estío, en forma de plaga, solía arruinar las cosechas de cereal, o de lo que pillase. Así llamamos también a los veraneantes o no residentes habituales cuando llegan los calores, y los pueblos del interior triplican o cuadruplican su población. Pero este año, la cosa se ha anticipado, y los escasísimos recursos con que habitualmente contamos, ahora tenemos que compartirlos con muchas más personas, y durante mucho más tiempo. Médicos, medicinas, vendedores ambulantes, ultramarinos, supermercados, víveres, alcohol… …todo se agota rápidamente o es repuesto muchísimo más tarde de lo que ya era habitual.
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Ya circulan por ahí sesudos estudios acerca de cómo y cuándo
será la crisis. Hay quién la compara con la de 2008, y hay quién dice que será peor,
como la del Crack de 1929. Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero si nos fijamos en el propio mundo de la automoción, podremos observar que este sector ya hace tiempo que, con virus y sin él, viene emitiendo ciertas señales. ¿Cuáles son?
Pues ya hace años que algunas marcas europeas de lujo,
tienen lo mejor de su I+D implantado en China o en países asiáticos. Como BMW y MB. Están a un tris, según ellos, de conseguir esas baterías-milagro que puedan mover con suficiente brío y autonomía sus
moles de más de dos toneladas. Pero el verdadero ruido de fondo, es que la
industria del motor se repliega desde hace tiempo, y lo hace hacia Oriente,
hacia aquellos países con mano de obra aún más esclava. Esto pinta que en Europa,
y más concretamente en España, vamos a dejar de fabricar coches en muy poquitos
años. No lo deseo. Solo espero equivocarme.
También hace tiempo que el resto de marcas, tipo Ford, Fiat,
Nissan, Renault, etc, no producen de forma continuada vehículos de gama media.
Lo que se viene fabricando ahora mismo es de gama muy alta, o muy baja. Sin
término medio. La primera, disponible para los que pueden pagar sin problema, y
la segunda, para los que no tienen un duro y se conforman con una zapatilla con
ruedas a pagar en cómodos plazos. Todas estas marcas de gama media no están invirtiendo ni un
solo euro en desarrollar nuevos motores de combustión, hasta que se clarifique el
asunto ése de los coches eléctricos.

A ver. No hay baterías, no hay autonomía, no hay potencia,
no hay abastecimiento al público, no hay nada de nada a día de hoy, ni en un futuro a corto o medio plazo, que pueda reemplazar al motor de combustión con
las mismas necesidades y parecidas prestaciones. Simplemente no contamos aún con
la tecnología necesaria para ello. Y eso tardará. Que no nos vendan motos.

Lo que sí creo a pies juntillas, es que los mandamases (los que dicen que son el poder de verdad en la sombra) nos quieren apear del burro, y dejarnos a pie. Se han cansado de la democratización
del ocio, del turismo y del vehículo, de la igualdad del consumismo capitalista,
sobre todo el de bajo coste, y nos están quitando todo lo que nos gusta, y que ya teníamos a nuestro uso y alcance.
Fuera coches potentes y de largo recorrido, fuera cruceros para todos, fuera
aviones de bajo coste… …todo fuera. No
nos quieren ver en el mismo bufete del hotel, codo con codo, rivalizando por un pedazo de jamón frito. No quieren compartir pelos en el
spa, con los que no son de su clase. No quieren que voléis con ellos a una playa lejana y exótica. Quieren que compréis y os alimentéis de la mierda que venden en sus centros comerciales y que vayáis en bicicleta a por ella. Quieren que vuelva el nivel y la
exclusividad de tiempos anteriores. Quieren lo que siempre han querido, quedarse con todo lo bueno, con todo aquello que pueda suponer un placer o una distracción.

Y lo mismo puede suceder con Seat, con Opel, con Ford, con
Citröen, con Renault y con Peugeot. Solamente las subvenciones estatales y autonómicas han detenido temporalmente los planes de estas empresas. Que no son otros que los de llevar su producción a países con mano de obra esclava. Desgraciadamente, las decisiones y el
centro de poder desde donde se rigen los destinos de esas marcas, no están
en este país, aunque sus factorías estén en suelo español.
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¿Y qué tiene que ver todo esto con las miniaturas, con nuestros pequeñines a los que adoramos y mimamos? Pues espero y deseo que nada, lo cual significaría que me equivocaré, y que no habrá crisis. Pero en el caso contrario, la destrucción de la economía planeará sobre todo y sobre todos, y esta afición no va a ser una excepción.
Si ésto es lo que va a suceder con la fabricación de vehículos, ¿qué
no pasará con sus reproducciones a escala? Lo vamos a llamar downsizing editorial. Veo un retroceso de veinte años o más, hacia atrás, cuando no sabíamos ni quién era Ixo. De ahí el título de esta entrada, pues me temo que volveremos a esos tiempos
de marcas exclusivas para coleccionistas exclusivos. Los quioscos serán un
recuerdo para muchos de nosotros, como cuando antaño comprábamos nuestros soldaditos de plástico en sobres de Montaplex. No nos quedará ni opciones a hacernos con nuestros modelos baratos, para los que no tenemos, ni necesitamos un nivel de exigencia tan alto. El acceso
a las miniaturas de bajo coste a través de los coleccionables se complicará, pues apenas existirán colecciones de
quiosco.

Aquellas colecciones que han requerido expresamente de una inversión,
de investigación y documentación y de nuevos acuerdos comerciales, es decir, aquellas publicaciones en
las que se parte de cero, y que no son refritos de otras anteriores o provienen
de otros países, como la de Pegaso, ya tienen su sentencia: guillotina. Y ya veremos lo que tardan en aplicar ese jarabe a la de Reparto y
Servicio. Puede que nos quedemos sin una sola colección novedosa de las que realmente nos puedan gustar e interesar. Por eso, me temo que volveremos a esos tiempos en los que
había que ahorrar, y a base de mucho tiempo y esfuerzo, poder conseguir alguna de esas miniaturas de tirada limitada y que ahora tenemos marginadas en pos de las de quiosco. Avisados estamos.
No quiero parecer apocalíptico, ni que nada de ésto suceda. Pero a la vista de lo que tiene que llegar, uno tiene ya una edad, y esta situación ya se ha repetido otras veces: cada vez que la gente de a pié estamos saliendo de un hoyo, sea socavón o pozo, los poderes siempre conjugan sus fuerzas para volver a meternos en otro.