Auto Union AG, allá en Alemania, comenzó a fabricar en los
duros años de su posguerra, entre 1949 y 1952, este pequeño pero robusto
vehículo. Dotado de unas medidas muy contenidas, y una mecánica muy sencilla,
estamos ante la configuración monovolumen más antigua de la historia del
automóvil. O al menos, una de las primeras fabricadas en serie. De las más
exitosas, seguro.
La DKW F-89L, así se denominó inicialmente, se concibió como
un ‘cubo’ alargado, con morro levemente inclinado, y en cuyas esquinas se situaron
las ruedas, así como la tracción y un motor de gasolina transversal, ubicados lo
más bajo posible. Todo delante. El objetivo era dejar el máximo espacio diáfano
disponible para el usuario. Con un bastidor de tubos de acero rectangulares
sobre el que se montaba directamente la carrocería, ésta adoptó las más
diversas configuraciones: furgoneta, microbús, combi, plataforma, pickup… …la versatilidad sobre ruedas.
En sus dos primeras versiones, seguimos en Alemania, montó
siempre un motor bicilíndrico de dos tiempos de unos 688 cm3. que daban 20 y 22
Hp, aprovechables para solo tres marchas. En la tercera versión, la F-800 de
1954, el cubicaje subió a 792 cm3, y la potencia a 30 Hp. Y por último, con la
denominación de F-800S, y que va de 1955 a 1962, se adoptaría un cambio de 4
marchas para gobernar el más potente motor de 32 Hp, erogados por tres
cilindros de 896 cm3. Existió incluso una Elektrowagen, de poco más de
80 kilómetros de autonomía y una escasa velocidad punta de 45 kms/h. pensada
más para el reparto urbano que otra cosa. Tuvo una tirada que apenas superó el
centenar de unidades, no como su ‘contaminante’ hermana, que fue de decenas de
miles de unidades.
Como ya nos hemos hecho una mínima idea de lo que este
vehículo representó en la dura época que le tocó vivir, no vamos a llenarnos la
cabeza de datos poco relevantes para el objeto de esta entradilla. Únicamente
cabe reseñar que en España, desde 1954, Auto Union otorgó licencia de
fabricación a la empresa vasca IMOSA -Industrias del Motor Sociedad Anónima-
del modelo F-89L. Es decir, la 2ª versión antes comentada bicilíndrica de 22 Hp
de la que se vendieron en este país algo más de 18.000 unidades.
Entre 1960 y 1963, IMOSA actualizó este modelo y pasó a fabricar directamente la tercera y cuarta versión, de las que se vendieron algo más de 14.000 unidades, ya como F-800/S. Tenían leves mejoras mecánicas, y estéticamente desaparecería el famoso frontal de lamas, para sustituirla por una simple rejilla con sus intermitentes incrustados en ella. En 1963, con la aparición del nuevo modelo F-1000 de Auto Union, pero ya motorizado por Mercedes-Benz, la F-800 pasaría a llamarse F-700P, versión popular y exclusiva del mercado español, aunque en la práctica solo suponía una liquidación del estocaje existente. A partir de ese año de 1963, la historia de las furgonetas la escribirían juntas ENMASA y CISPALSA, entonces como MEVOSA. Pero la gente las seguiría llamando ‘decauve’.
Utilizada más como vehículo de transporte de mercancías que
de pasajeros, la popularidad que alcanzaron las ‘decauve’ trascendió su mero
uso comercial, y todavía a finales del siglo pasado todos llamaban a cualquiera
furgoneta, cualesquiera que fue su marca o modelo, así, de esa manera:
‘decauve’. En un país que tras la Guerra Civil únicamente podía exportar
miseria, la aparición en el mercado de esta furgoneta supuso toda una
revolución. Ofrecía cómodas plazas sentadas además de una carga útil de entre
750 y 800 kgs. y lo más importante, un precio asequible desde 110.000 pesetas.
Se fabricaba en Vitoria, con lo que ello suponía en ahorro de transporte,
costes y material. Ello permitió por fin al pequeño y mediano comerciante de a
pie dejar a un lado los tricarros, sidecares, motocarros adaptados y otra serie
de pequeños engendros mecánicos que solo eran útiles en una economía de
subsistencia, para comenzar a pensar en portes de más fuste y de más alcance. En
definitiva, podían soñar en expandir su negocio. Tampoco las grandes empresas
fueron ajenas a esta furgoneta, pues algunas compusieron su flota al completo
con este vehículo. Y es que su inconfundible silueta, sus faros siempre grandes
y redondos, su aspecto compacto y cuadrado, el oloroso rastro que dejaba su
humo azulado, y sobre todo el inconfundible sonido de su motor, marcaron a toda
una generación.
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Puestos en antecedentes con la historia del modelo real, en
su mayoría ya conocidos, vamos con la miniatura, que es donde quería incidir. Y
es que, para ser breve, me decepcionó un tanto. Se trata de una miniatura de
Schuco que intenta reproducir con fidelidad la furgoneta tricilíndrica, en su
último año de la 3ª versión, y los siguientes de la 4ª, entre 1954 y 1962.
Schuco, uno de los mayores adalides de la calidad en este sector del diecast en
esta ocasión no me ha llenado, no me ha parecido para tanto. Entiendo que para
esta reproducción, que ya tiene unos añitos, los alemanes quisieron abarcar el
máximo posible de versiones, y a la vez hacerlas populares, por lo que decidieron
rebajar un poco los parámetros de la exclusividad, y se decantaron por un
producto más genérico, y del que se pudiera extraer diferentes versiones para
soportar las libreas publicitarias de conocidas marcas alemanas. Pero ello ha
sido en detrimento de la calidad por todos conocida.
Eso no quita que me guste el color cereza elegido, la
rotulación simple aunque llamativa, y la habitual finura de los limpiaparabrisas
y las manetas. Los faros delanteros también son muy buenos. Por el contrario,
la pintura misma se ha aplicado en exceso, y los retrovisores, bastos y poco
creíbles, así como los parachoques y llantas llenos de rebabas le dan un
aspecto un tanto juguetoso. Pero lo que ‘ma matao’ ha sido la calca que le han
puesto para imitar la rejilla lateral de ventilación, la del logotipo frontal
de Auto Union con el escudo de DKW y la calca de la placa trasera en el lugar
de la matrícula, estando ya moldeada la franquicia para ello. Me parece que
desmerecen o no están a la altura de la miniatura, y ni mucho menos, de este
fabricante.
¿Qué le vamos a hacer? No siempre se acierta, y de la misma manera que aquí se ponderan las bondades de las miniaturas, pues oye, cuando toca, también hay que cantar sus fallos.












