sábado, 29 de noviembre de 2025

DKW F-89 L 'SCHNELLASTER'

 

Auto Union AG, allá en Alemania, comenzó a fabricar en los duros años de su posguerra, entre 1949 y 1952, este pequeño pero robusto vehículo. Dotado de unas medidas muy contenidas, y una mecánica muy sencilla, estamos ante la configuración monovolumen más antigua de la historia del automóvil. O al menos, una de las primeras fabricadas en serie. De las más exitosas, seguro.

La DKW F-89L, así se denominó inicialmente, se concibió como un ‘cubo’ alargado, con morro levemente inclinado, y en cuyas esquinas se situaron las ruedas, así como la tracción y un motor de gasolina transversal, ubicados lo más bajo posible. Todo delante. El objetivo era dejar el máximo espacio diáfano disponible para el usuario. Con un bastidor de tubos de acero rectangulares sobre el que se montaba directamente la carrocería, ésta adoptó las más diversas configuraciones: furgoneta, microbús, combi, plataforma, pickup…  …la versatilidad sobre ruedas.

 



En sus dos primeras versiones, seguimos en Alemania, montó siempre un motor bicilíndrico de dos tiempos de unos 688 cm3. que daban 20 y 22 Hp, aprovechables para solo tres marchas. En la tercera versión, la F-800 de 1954, el cubicaje subió a 792 cm3, y la potencia a 30 Hp. Y por último, con la denominación de F-800S, y que va de 1955 a 1962, se adoptaría un cambio de 4 marchas para gobernar el más potente motor de 32 Hp, erogados por tres cilindros de 896 cm3. Existió incluso una Elektrowagen, de poco más de 80 kilómetros de autonomía y una escasa velocidad punta de 45 kms/h. pensada más para el reparto urbano que otra cosa. Tuvo una tirada que apenas superó el centenar de unidades, no como su ‘contaminante’ hermana, que fue de decenas de miles de unidades.


 

Como ya nos hemos hecho una mínima idea de lo que este vehículo representó en la dura época que le tocó vivir, no vamos a llenarnos la cabeza de datos poco relevantes para el objeto de esta entradilla. Únicamente cabe reseñar que en España, desde 1954, Auto Union otorgó licencia de fabricación a la empresa vasca IMOSA -Industrias del Motor Sociedad Anónima- del modelo F-89L. Es decir, la 2ª versión antes comentada bicilíndrica de 22 Hp de la que se vendieron en este país algo más de 18.000 unidades.

 

Entre 1960 y 1963, IMOSA actualizó este modelo y pasó a fabricar directamente la tercera y cuarta versión, de las que se vendieron algo más de 14.000 unidades, ya como F-800/S. Tenían leves mejoras mecánicas, y estéticamente desaparecería el famoso frontal de lamas, para sustituirla por una simple rejilla con sus intermitentes incrustados en ella. En 1963, con la aparición del nuevo modelo F-1000 de Auto Union, pero ya motorizado por Mercedes-Benz, la F-800 pasaría a llamarse F-700P, versión popular y exclusiva del mercado español, aunque en la práctica solo suponía una liquidación del estocaje existente. A partir de ese año de 1963, la historia de las furgonetas la escribirían juntas ENMASA y CISPALSA, entonces como MEVOSA. Pero la gente las seguiría llamando ‘decauve’.

 


 

Utilizada más como vehículo de transporte de mercancías que de pasajeros, la popularidad que alcanzaron las ‘decauve’ trascendió su mero uso comercial, y todavía a finales del siglo pasado todos llamaban a cualquiera furgoneta, cualesquiera que fue su marca o modelo, así, de esa manera: ‘decauve’. En un país que tras la Guerra Civil únicamente podía exportar miseria, la aparición en el mercado de esta furgoneta supuso toda una revolución. Ofrecía cómodas plazas sentadas además de una carga útil de entre 750 y 800 kgs. y lo más importante, un precio asequible desde 110.000 pesetas. Se fabricaba en Vitoria, con lo que ello suponía en ahorro de transporte, costes y material. Ello permitió por fin al pequeño y mediano comerciante de a pie dejar a un lado los tricarros, sidecares, motocarros adaptados y otra serie de pequeños engendros mecánicos que solo eran útiles en una economía de subsistencia, para comenzar a pensar en portes de más fuste y de más alcance. En definitiva, podían soñar en expandir su negocio. Tampoco las grandes empresas fueron ajenas a esta furgoneta, pues algunas compusieron su flota al completo con este vehículo. Y es que su inconfundible silueta, sus faros siempre grandes y redondos, su aspecto compacto y cuadrado, el oloroso rastro que dejaba su humo azulado, y sobre todo el inconfundible sonido de su motor, marcaron a toda una generación.



 

 

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Puestos en antecedentes con la historia del modelo real, en su mayoría ya conocidos, vamos con la miniatura, que es donde quería incidir. Y es que, para ser breve, me decepcionó un tanto. Se trata de una miniatura de Schuco que intenta reproducir con fidelidad la furgoneta tricilíndrica, en su último año de la 3ª versión, y los siguientes de la 4ª, entre 1954 y 1962. Schuco, uno de los mayores adalides de la calidad en este sector del diecast en esta ocasión no me ha llenado, no me ha parecido para tanto. Entiendo que para esta reproducción, que ya tiene unos añitos, los alemanes quisieron abarcar el máximo posible de versiones, y a la vez hacerlas populares, por lo que decidieron rebajar un poco los parámetros de la exclusividad, y se decantaron por un producto más genérico, y del que se pudiera extraer diferentes versiones para soportar las libreas publicitarias de conocidas marcas alemanas. Pero ello ha sido en detrimento de la calidad por todos conocida.



 









Eso no quita que me guste el color cereza elegido, la rotulación simple aunque llamativa, y la habitual finura de los limpiaparabrisas y las manetas. Los faros delanteros también son muy buenos. Por el contrario, la pintura misma se ha aplicado en exceso, y los retrovisores, bastos y poco creíbles, así como los parachoques y llantas llenos de rebabas le dan un aspecto un tanto juguetoso. Pero lo que ‘ma matao’ ha sido la calca que le han puesto para imitar la rejilla lateral de ventilación, la del logotipo frontal de Auto Union con el escudo de DKW y la calca de la placa trasera en el lugar de la matrícula, estando ya moldeada la franquicia para ello. Me parece que desmerecen o no están a la altura de la miniatura, y ni mucho menos, de este fabricante.

¿Qué le vamos a hacer? No siempre se acierta, y de la misma manera que aquí se ponderan las bondades de las miniaturas, pues oye, cuando toca, también hay que cantar sus fallos.